miércoles, 31 de diciembre de 2014

Fronteras aleatorias

La frontera de la locura se sitúa exactamente en tu clavícula derecha, por eso es lo primero que muerdo cuando busco un poco de calor. 

Una ola de frío seco... así ha llamado el tipo de las noticias a la mañana de hoy, y yo, adicto a los filos de las navajas que paseas por la ciudad dentro de los bolsillos del chaquetón, sonrío porque un chaval me ha dicho que un amigo le dijo que su médico le contó, que con el frío los cortes escuecen menos. 

Y me subo al metro en Legazpi afilando los dientes. 

martes, 30 de diciembre de 2014

En las mejores salas

A veces pienso que sólo fuimos un trailer, 
un próximamente en las mejores salas
O quizá 
que me he quedado con las imágenes impactantes 
y nada más, 
las de lágrima fácil,
las de la batalla, 
o ésas en las que se insinúa un guión brillante 
enseñando las mejores frases en minuto y tres cuartos. 

Es lo que hacemos cuando nos da por no enterrar, 
¿no es cierto? 
Nos colgamos de la cornisa de una historia 
agarrados a la piedra con la punta de los dedos, 
hasta que duele demasiado,
 
o se rompen. 

Incluso tengo el orden de las escenas 
y algunos decorados,
y los instantes para intercalar los créditos de inicio... 

al fin y al cabo,
lo que me has robado 
sólo es el comienzo 

y el final. 

Estados independientes

He salido de la cama con ganas de no asesinar
a la que tuvo el valor
de llamarme poeta en lugar de impostor,
pero le faltaron huevos
para decírmelo en la calle.

A la que se arrepintió 
antes de los besos fuera de horario, 
antes del ahora 
y los orgasmos
que le corresponden como pena.

Y también a las convulsiones creativas
cuando duele la barriga
por pura necesidad.

Permanezco en ese estado.


Pues que te echo de menos

Se necesitan muslos que enseñen
a deshacer nudos de corbata en gargantas mientras se camina y,
si puede ser,
que escriban con pena y sin gloria frases de otros
en las tapias de los solares de Fuencarral.

Que ensucien los muros

y los uniformes.

Que firmen con te odios notas de volveré pronto,
he salido un momento a engañarte con la vida,
haz el favor de esperar.

Puede sonar repetitivo, pero...

¿dónde 

coño

estás?



A pesar de los listados

A pesar del hielo que rascar en el parabrisas,
del bajo cero y, sólo a veces,
bajo mínimos,
del alma con esguince, 
los halagos,
las sonrisas.

A pesar de los ojos miopes con lentes de contacto,
las pieles de contrabando,
el estraperlo
de renglones torcidos sin dios,
mis puertas, tus ventanas,
las luces encendidas.

A pesar de las plumas de edredón sin tinta,
de la resurrección de los casetes,
los tamagochis muertos,
los impares y los primos,
las consolas 
del cuadro de mandos del olvido.

De Madrid, 
del yoga,
los hospitales en el mapa,
los puntos sin sutura.

A pesar de los interruptores
que me apagan en tu mente y en tu boca,
de las críticas destructivas,
los eres la hostia...

las fotos de las cartas boca arriba.

A pesar de todo.

lunes, 29 de diciembre de 2014

Tesoros de mochila

buscando en la mochila esos dos gramos de locura,
así te imagino,
intentando encontrar la cola de carpintero
en el bolsillo de al lado,
para reparar los escalones rotos.

caminando calles de madrugada en camisón blanco
hecho jirones,
después de caerte de la cama,
consecuencia de mi adicción 
a los espejismos de fotograma... perdida,

asustada.

intentando redimirte al pagar con segundos robados
poemas escondidos en anuncios por palabras,
sin acordarte
de que duermo con la luz encendida contra las marejadas, 

contra tu mar.

buscando en los cajones de la cocina
las razones, los cordones de las botas de caminar.

sabes que odio la rima fácil
pero olvidé escribirte en la nota
que no me llevé mis llaves,
que las dejé colgadas en la esquina izquierda de tu boca,

y la respuesta
es romper los horarios a polvos,
es el metro,
es Benedetti,
eres tú y un par de cañas,

y en invierno...

son las sábanas. 






Domingo

Anoche escuché tus pasos
sordos sobre la madera.

Seguro que caminabas descalza
por no despertarme.

Quizá temías que te descubriese
detrás de la puerta entornada,
y yo
te escuchaba latir con los ojos cerrados
para que no huyeras.

Y esta mañana, en lugar de café,
me he tomado una copa de vino 
con las tostadas, he brindado
con la sombra de tu sombra en el pasillo
antes de limpiar la casa.

He comido,
he lavado los platos,
me he cortado las alas con el cuchillo del pan
antes de guardarlo, 
jodido
porque todo me sabía dulce
menos una gota de tu sexo salada,

y he intentado dormir 
por si volvías,
por si esta vez,
imagina la cordura,
se te ocurría desnudarte dejando el invierno en Madrid
huérfano de tu cuerpo,
golpeando la ventana.



jueves, 25 de diciembre de 2014

Salas de espera

Me gusta imaginar la memoria como una maleta llena de postales. Unas tan recientes que aún podrías correr la tinta pasando sobre ellas la yema de los dedos, otras en sepia, con los bordes mordidos por ratones grises de desván, y matasellos de lugares exóticos que antes eran tu casa, y se quedaron empapados en los andenes.  

Pero es una maleta que no puedes abandonar, como esos maletines de joyero esposados a la muñeca, imposibles de robar si no es amputando la carne, que nunca se perderán girando en la sala de recogidas de ningún aeropuerto. 

Todo tiene sus contras.

De todas, las postales que más me gustan son ésas cubiertas de tachones, las de la letra que tiembla insegura con las manos heladas en el invierno de cualquier puerto del sur, las que se guardan durante años apartadas del resto, dentro de la caja de tus zapatos favoritos. Ésas en las que llegas a un acuerdo con el remitente para continuar la guerra después de cualquier tregua, las nuestras, las de los finales abiertos con capítulos de resurrección, las que he dejado en el armario detrás de las mantas para que no cojan frío.

Supongo que no te gustan los carteros con guantes o, como me he mudado, todavía no has encontrado mi dirección para este invierno. 

Y yo, mientras tanto, abriendo el buzón vacío y, de vez en cuando, mirando hacia arriba antes de que se cierre la puerta en el portal, por si los aviones de papel desde la azotea. 


pseudopatologías

Me ocurre a veces, 
comienza en el costado izquierdo,
sin síntomas previos, 
con motivo aparente, 
sin luces parpadeantes en el salpicadero. 

El aire que me rodea es un jersey demasiado pequeño, 
un regalo de navidad sin talla
comprimiendo el pecho.

La habitación se vuelve incómoda, 
fría, 
los ojos buscan sin darse cuenta algo de escarcha en las paredes 
y las muy putas se estrechan.

Es un ajuste de cuentas de callejón a oscuras, 
un recibo sin pagar, 
un asunto pendiente,
una puñalada una deuda un dolor de riñones,

un tu ausencia en pantalla grande
para tocar los cojones. 

Y así está siendo diciembre, 
yo buscando una farmacia de guardia para comprar aspirinas
o algún chute narcótico que me ayude a dormir, 

sin receta,

sin ti.

Una comisaría donde denunciar tu recuerdo
por acoso sin derribo.




domingo, 21 de diciembre de 2014

La Cuesta de los Ciegos

Todavía persigo las resacas productivas,
las del corazón indigente del abrigo roto
pasando frío en el baño al amanecer,

y a las deudas de la memoria,
ya ves,
firmadas en servilletas
y en etiquetas de Mahou.

En Madrid había anoche rincones sin Navidad
ni caza de regalos por contrato,
y una Cuesta de los Ciegos en penumbra
que se guardaba tu sombra en el séptimo escalón,

donde me senté a respirar...

y a (des)esperarte.

La ciudad llena de esquinas hacia arriba y hacia abajo,
y yo,
imagínate,
perdido en la ruta hacia palabras de otras
sin dejar de buscarte en cada cruce de caminos,

y tú,
no lo sé.

Menudo imbécil.

Me jode llevarte a la espalda y no a la cintura,
me jode no sujetar tus caderas contra las calles,
ni atar tus cordones a tus muñecas
para follarte y leerte después.

Es síndrome de abstinencia 
vomitando renglones con caries por la yema de los dedos,
desdentados,
que no sirven para cortarte.

Son la línea de meta y de salida
tocándose en el colchón.

Por eso bebí tanto anoche,
porque no sabía explicarme,
porque todavía persigo las resacas productivas
de corazón indigente y abrigo roto y hambre y frío

y, 
a veces,

disculpa la decencia,

a ti.







domingo, 14 de diciembre de 2014

Huesos rotos

Tenemos un nuevo inquilino en la lista de por qués. 

Trece de diciembre y has vuelto con la lluvia. 

Bueno... tú no. Han vuelto partes de ti como contraste de escena a la fotografía en blanco y negro de la ciudad esta mañana, como esos dolores de hueso roto que regresan con la humedad. 

Pero lo cierto es que he buscado en el armario del baño un par de comprimidos de ésos que guardaba con tu nombre contra la sed, y me los he tragado con el café del desayuno. Deben de ser las secuelas del coma profundo, o del punto y coma con el que firmaron tus caderas el adiós, o de que estoy cansado de contar hasta tres y las noches de fiebre me duermo en uno y medio. 

Y la pregunta vuelve a ser por qué. Por qué tienes que quitarme también la lluvia. Es mía. No la recojas en tu ombligo, no le pongas tu vestido rosa cuando sumé el deseo de un cuerpo al de toda su sangre por primera vez.

Quítale tus sandalias.

Aléjate. 

Ya tienes todo lo demás. Los anuncios de condones, una colección de poemas sin rima, un barrio entero de Madrid, los paraguas, la frontera oeste de mi vida, las lentillas, los autobuses... 

Joder, es suficiente. 

Si no puedo llover sin preguntarme dónde te mojas, voy a tener que mudarme. 


jueves, 11 de diciembre de 2014

Maldita diferencia

Al final resultó que el insomnio es lo contrario de la falta de sueños, 
que no dormir es llenar un cenicero sobre las sábanas 
y no sé cuántas pulgadas de teletienda para solteros. 

Al final resultó que mis ojos abiertos de madrugada 
no se tratan con infusiones ni porno ni pastillas ni páginas. 

Que nada de eso sirve. 

Que a veces la soledad dibuja caras en las paredes 
y ya no te quedan trincheras. 

Y escribir tan sólo ayuda para vaciar la tripa revuelta, 
pero los párpados siguen ahí arriba y la fase REM 
la alcanzas en Spotify sin saber inglés, 
ni las jodidas letras. 

Es lo que tiene haber sido adolescente en los noventa 
y sospechar por qué Cobain se voló la cabeza. 

Y al final tú y yo sumamos tragicomedia,
y la frontera la marca la cantidad de cerveza 
y si al mirar arriba de vuelta a casa
la luna está en creciente o está muerta,

si habrá festival de carne y bocas
bajando tus bragas y tus cordilleras,
o un solo de teclas de marfil sobre las aceras,

si estás o no estás...

ésa es la maldita diferencia.







Deudas

Anoche me miró a los ojos
una de esas enfermeras del olvido
que suturan,
desinfectan,
y se ríen de tu destino
colocando su mano izquierda entre tus piernas
en la barra de un bar.

Se ha marchado esta mañana.

Su lado del colchón está caliente.

"Suerte con las letras, escritor...
me debes una."

Suerte en la maleta, 
chica sin nombre.

Estamos en paz.

lunes, 8 de diciembre de 2014

Fueron ellos

No pude evitarlo,

de verdad.

En realidad fue culpa tuya,
o del sistema,
o de todos los que firmaron mi carnet de conductor suicida hacia tus piernas.

Pero fue más tuya.

De tus paréntesis en la arena...
del desierto,
de madrugada.

O de tu boca,
de tu espalda desnuda cubierta de morfina,
tratamiento agresivo contra mi vacío y mis dolores de cabeza.

También de los vagones contiguos equivocando el billete,
del andén la lluvia los tatuajes,
de mi tripa,

de mi psicóloga.

Pero fuiste más tú.

Tu amor en cuadrantes de rotulador de oficina
que yo necesitaba borrar de sudor contra tu sexo
en honor a la vida.

Tus tobillos,
tus huellas,
la cicatriz de necesitar de verdad que te falta,

y que no duele tanto.

Fue el artículo veinticuatro barra tres
de mi derecho a quererte.

Los miércoles,
los nudos en las gargantas,
el carnicero,
la zorra que te pone mala cara cuando te vende el billete de vuelta
hacia mí.

También yo al escribirte cien páginas.

Pero eso era respirar,
era miedo a la asfixia.

Fuiste más tú,
y tus ojos por mirarme detrás de las cortinas,
y tu piel por envolverte.

Me quedé sin frenos,
me costó tres costillas.

Fueron ellos pero,
sobre todo,
tú.

No sé si me explico.




domingo, 2 de noviembre de 2014

Borrachera a medias post-halloween

Algunas noches uno llega a casa en silencio y le da por escribir. 
Y la espuma de la cerveza se cuela por las grietas de la piel que han dejado ya 37 años, 
y unas cuantas docenas de daños, 
co-laterales,
co-rregidos, 

o no. 

Y el resto del universo se divierte afuera vestido de monstruo 
cuando firmo la capitulación 
y se me caen los disfraces en el espejo del baño de arriba. 
Y surge la arritmia de mis letras en tu boca, 
y la hemorragia parcial de todas las verdades que se me van cayendo por los pasillos. 

Y la verdad es que no he encendido la luz por no mirarme, 
y hace frío en el salón, 
y cuelgo los cuadros torcidos, 
y la gata se me enreda en el pecho buscando calor preguntándome por ti al oído. 

Y yo no sé cómo explicarle. 

Y hay cuatro libros cerrados sobre la mesa, 
y en ninguno 
se cuenta cómo coger el lápiz para escribir adiós. 

La verdad sigue siendo tu cuerpo, 
y seis gotas de esperma dibujando tu espalda a oscuras en mi habitación, 
y dos barras de incienso para esconder el olor del tabaco, 
y tu miedo al yo desesperado, 
y una calle desierta bajo el balcón... si lo tuviera. 

Incluso tu coche aparcado dos noches seguidas 
y yo con los ojos cerrados y la rubia fría, 
desviando miradas... huyendo.

Temblando.

El vacío es la arena del desierto en el lado izquierdo de mi cama, 
un sueño dormido a medias, 
un telegrama en recepción cuando vuelvo de la vuelta de la esquina.

Que te quiero, coño.

¿Cómo quieres que lo diga?



viernes, 31 de octubre de 2014

gasas de yodo y olvido

vivir

en sordina,
en aislamiento preventivo
contra las recaídas,
acolchando habitaciones,
por si acaso.

en relativo silencio.



sábado, 25 de octubre de 2014

Conclusiones de cerveza

Puedes escribir lo que te apetezca, 
disimular, 
curvar palabras en espiral partiendo del ventrículo derecho. 

Puedes inventar adjetivos, 
pintar metáforas dignas del pasillo del baño de un museo, 
puedes fingir que no te importa más que la jodida cerveza 
o ponerte los auriculares camino del trabajo para mantener la distancia. 

Cantar en la ducha en voz baja, 
arroparte,
leer,
masturbarte pensando en otra
y después
no quedarte dormido.

Conducir durante horas,
perderte en acantilados perdidos, partir leña,
encender la tele,
cambiar las sábanas,
besar...

Follar.

Puedes.

Eso es el vacío.


viernes, 24 de octubre de 2014

Polanski y un papel

Vosotros podéis decir lo que queráis, pero ando cogiéndole asco a Polanski porque llevo meses sin poder descargar "El quimérico inquilino", y bendita sea la propiedad intelectual, pero coño, es que se me olvida que lo tengo ahí buscando fuentes y de buenas a primeras el portátil me avisa de que ha encontrado una. 

Así, por la espalda.

Me pasa como con ella. La vida se empeña en dejarme las cosas a medias y me las saca del olvido a base de ventanas pequeñitas en la esquina superior derecha de la pantalla. Esta mañana ha sido un trozo de papel cabrón cayéndose de la cartera y mirándome con arrogancia desde una acera de Madrid. Allí, tirado, mostrando sin una pizca de jodido decoro toda la pornografía mental que anoté a escondidas durante el trabajo un día que la echaba de menos hasta en la espina dorsal.

Me ocurre continuamente, es cierto.

A veces llega el siete de agosto después del seis, o la luna me pone los cuernos para irse con ella en una orgía creciente y yo me acuerdo de sus manos. O son unas caderas en la parada del autobús que me dan la espalda, y a mí se me revuelve el estómago hasta que no calculo la curvatura a distancia entornando los ojos y compruebo que me quedan demasiado pequeñas, que les falta ese milímetro de más que sólo cabía entre mis dedos... que no son de ella... que a la puta vida le sobra humor negro.

Es verdad, el amor a secas son notas clandestinas escritas con mala letra en el baño por si luego les crece un poema. 

Luego. 

Después. 

Cuando el miércoles deje de ser una oficina y nos quedemos a solas tu playa y yo y mi salón y alguna que otra cerveza... 

Al final tendré que comprar esa puta película.

jueves, 23 de octubre de 2014

Distancia: Definición libre

El puñado de líneas de guión en Annie Hall 
que te llevaron a leer "La muerte en Venecia".

Un número indeterminado de poemas en cursiva y sin ojos... 
en tu caso algo más de treinta y dos.

La luna creciente, 
frágil,
delgada,
allá, 
una percha en papel de fumar para colgar tus pestañas.

Esquina.

Sombra.

Ombligo.

Tus dos letras en mi agenda,
una doble, 
como el whisky en la barra de los tipos duros.

Aquella carta con huellas de tinta azul más un sobre mal cerrado,
sin buzón 
ni parabrisas
ni matasellos.

Madrid con hielo.

Algo menos de dos meses y yo en cama,
náuseas, 
indigestión de olvido,
un cuaderno en la mesilla para vomitar.

Insomnio.

Ventanas.

Cerveza y ron y tabaco

y cerveza.

Kilómetros comestibles y tú sin hambre,

coños, 
piernas, 
piercings sin bragas,
piel de saldo... 
                         
                              y yo sin hambre.


Estimado lector,

ella lo sabe,

es una mierda de palabra desembocando en su nombre.














lunes, 20 de octubre de 2014

Maneras de echarte de menos

He salido de la ducha y he empezado a leer
desnudo
a Nicanor Parra,
y como en una sucesión de vagones inevitable,
desde el andén 
me he acordado de Violeta.

Así que he buscado a la Vargas
en Spotify
para darle (des)gracias a la vida 
con voz de cazalla.

Y mi habitación era una de Almodóvar
de las que sabes que odio,

con gata dormida,
tíos raros en pelotas,
y sábanas negras sin ti.

Sólo ha faltado el onanismo
con tu recuerdo embotellado.

Dame tiempo.






domingo, 19 de octubre de 2014

serie B

le he perdido el hilo a Whitman
y a Bonald,
y sí, 
es por hacerme el interesante.

en realidad
la noche se ha convertido en sesión continua de sofá
y de matanza y de texas 
y me asombra
la falta de higiene del jodido cara de cuero
y que las sierras mecánicas 
siempre arrancan a la tercera.

si tú y yo fuésemos una peli de terror
todo sería sudor
y piel
y sangre 
y sexo

y nosotros,

al próximo intento.

sábado, 18 de octubre de 2014

Ari(a)d(na)

Ella es así, 
cuando se quitaba las sandalias para correr sobre la hierba en verano, 
se le iban cayendo adjetivos de entre los dedos de los pies.

Yo los recogía en plano fijo agarrado a sus tobillos,
sin papel, 
y me preguntaba qué extraño giro del planeta
la había hecho caer sobre mis miedos
y mis mierdas.

Le contaba las pestañas sin que se diera cuenta
cuando no podía dormir y leía mis poemas de madrugada,

y algunas tardes,
si la soledad se le despertaba yo era su colchón para disimular,

y nos cagábamos en el PP
y en la Aguirre
y nos pasábamos de rojos pero sin sangre
y a mí me daba miedo el fracaso
y la oscuridad

y a ella la locura

y los paraguas.

Os podría dibujar de memoria sus caderas, desenterrar un mapa 
de todos los laberintos en los que deshilaba sus vestidos

para hacerme salir.

Supongo que se olvidó de jugarse la boca
sobre la mesa de mi jardín, o beberme a sorbos de Negrita.

Ella 
es así,

el mejor poemario que me he corrido,

el mejor polvo que nunca podré escribir,

mi falta de huevos... y de ortografía.







viernes, 17 de octubre de 2014

Arresto domiciliado

Pues la situación es ésta... 

trato de encalar las paredes y en pleno café recuerdo que me dejé la escalera en el tejado... consecuencias del impúdico salto a la acera que te vi pisar cuando decidí desempolvar mis cerraduras. 

Y claro,

se me ha quedado media fachada sucia de polución, y un par de mechones de pelo que desde aquí no llego a ver, pero deben de ser tuyos. 

Y me he vuelto más zen por no tumbarme en la esquina del salón, por cerrar el círculo de los anillos que ni siquiera se me había ocurrido regalarte. Pero me siento en posición de loto, y en lugar de inspirar me desinspiro recordando mis manos contando latigazos en tu espalda. 

Mi gurú me dice que ésa no es forma de hacer yoga.

Así que a la salida entro en Madrid por las alcantarillas, y se me abren las puertas traseras de los bares que también tienen sus mierdas, y no todo son cervezas y gente que camina, si no que existen rincones donde sacar un lápiz y definir amor de servilleta.

Y en la comisaría donde dormí anoche por destrozos en mobiliario público y pecho propio, hay un cartel de se busca. 

Han perdido un alma que follar y un cuerpo caliente para pasar el invierno.

Y los cabrones han colgado tu foto.


jueves, 16 de octubre de 2014

Diario de postguerra

Tengo una gata que rehúye besos, 
y la noche habitada por mercaderes de carne 
que pasan por alto los huesos y al fondo 
un espejo donde me miro a los labios 
                                                              y pienso... 

pienso en dejarte marchar 
sólo por ver tus caderas moviéndose 
al ritmo de mi despedida sobre tus aceras. 

Y todo sería la hostia si no existieran tu boca 
las tres de mi mañana
los versos de entrepierna
las playas la cerveza...

si no leyese compulsivamente poemas que no sé escribir 

con el único fin 
de unir tus pedazos 

esparcidos 

tras 

la 

explosión. 

martes, 14 de octubre de 2014

Esmalte

Hoy he llorado recordando el esmalte de tus uñas... ya ves, he sentido un arañazo en el recuerdo mientras veía una serie de televisión ridícula, y me han salido cinco lágrimas como de una arcada. Ya sabes que la pena siempre me sale impar... como la nostalgia y la suma de nosotros. 

Y lo que he hecho es abrirme otra cerveza y encender un cigarrillo y un incienso nuevo en el altar de tus dedos aquella tarde. Es posible que aquel libro ande dormido en un cajón... primera edición de un euro rescatada de entre una tormenta de páginas... Madrid... Retiro... un bolso goteando esperanza, y urgencia sin disimulo... 

Tienes razón, lo rodeo todo de destino igual que tú te vistes ese impermeable contra mis instantes. 

Y mis palabras.

En un ejercicio fuera de programación, he desenfundado el revólver cargado de renglones que había olvidado en el costado, he agujereado la pared a puntos suspensivos... como antes, como la tarde en que tus uñas eran tan rojas como la sangre de mi espalda, y había dos pintas y tres rubias, y nos rozábamos, y nos reíamos... y éramos...

Y fuimos.

lunes, 13 de octubre de 2014

y las ganas

Ataría la lluvia con cadenas si no hubieses robado todos los eslabones, 
así, 
para indultar nuestro odio a los paraguas 
y empaparnos. 

Pagaría al contado una ducha caliente para dos, 
una habitación en el trastero, 
un jergón deshecho donde desnudarte la boca, 
y que fueras de cristal, 
                                      y de sudor y de hambre. 

Mi estómago se queja de nostalgia de palabras por las calles de Madrid 
mientras cuatro violines tocan en Callao mi tango favorito. 

Llueve, 
la lluvia se me amontona en tu ombligo, 

y la sed, 

y las ganas.

martes, 7 de octubre de 2014

Hojas muertas

El otoño ha amanecido gris y yo odiándote,

te odio 
porque ya no me dejas leer,
porque tengo celos de todos esos cabrones
que decidieron encadenarte al papel incluso antes de que nacieras.

Te odio porque empiezo a cocinar y sólo recuerdo tus recetas, 
y tu maldito nombre
camina repartido por cinturas que no le corresponden,
ni dientes,
ni cuadernos,
ni dedos.

Y también porque me has robado palabras...
sandalia bisturí telegrama...

y desnudar también es tuya.

Porque estas cuatro paredes ahora también tienen techo,
por mi dolor de espalda,
y el de garganta,

y el de pecho.

Por tus murallas, 
y los arqueros disciplinados que las defienden usando flechas de disimulo,

y por darle la vuelta al cariño,
por tus pies tus labios tu espalda,

por no tener butaca esta noche de tragedia entre tus muslos.

Esta jodida forma de odiarte que deja octubre en Madrid
amaneciendo tus huellas.











jueves, 2 de octubre de 2014

Todas las lluvias

Imagínalo por un instante...

imagina que pudieses condensar el olor de todas las lluvias de todas las calles de Madrid en un solo cuerpo, y tumbarte a su lado para que las sábanas se caminen como aceras mojadas.

Imagina la puerta de salida de todas tus pesadillas de par en par, escondida como una gata en invierno entre las piernas.

Y un café sin azúcar que desemboca en carne y más.

Suturas y cicatrices a dos milímetros del ombligo cosidas con hilo de pescar, la arena de tus desiertos desnudándose la soledad detrás del biombo, para luego plantarse de pie(l) delante de tus miedos.

Imagina esta ciudad vacía cuando te vas a ver el mar, y los teléfonos con fiebre, y los teatros huecos de historias por contar.

¿Y aún te despiertas de madrugada buscando la última frase?

lunes, 29 de septiembre de 2014

dejar de fumar

todo era posible entonces...

dejar de fumar,
dormir a medias,

Tú.

incluso alimentarse de palabras,
de pestañas recogiendo el polvo en cualquier colchón,
cualquier esquina, cualquier pared,
para no cegarnos con este jodido mundo de oficina.

en el café mojaba tus ojeras con sudor
y cien latidos por mirada,
y olías a champú
y a ducha y a vuelta a clase
y a tu cuerpo contigo,

y a calor...

ahora hay un salón con libros sin tu boca,

y llueve
y los perros ladran
y el maldito invierno viene frío
y es de noche a las seis
y tengo náuseas,

y huesos,

y mis orgasmos no son tuyos ni las uñas de mi espalda
y tengo diez dedos que muerden

y gritan,

y encienden un cigarrillo después de follarlas
por si te duele la quemadura,
por si te ensucia la piel,
por si te jode, por si te marca.

qué estupidez...

como si todo hubiese sido posible entonces.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Junto a un Lucky del cajón

He caído en la tentación de madrugar ante la ejecución inminente de mi pasado,
y allí,
sobre la cama deshecha,
he comenzado a inmolar la tragedia de senderos separados junto a un Lucky del cajón,
a un par de condones sin abrir encarcelando polvos mal curados,
y a una cerradura en Moncloa temblando de miedo
y repechos
y sumideros de instantes en los que apostarse la vida.

Esta noche,
contra el paredón,
buscaré tu llave en mi llavero.

Duele parirse de nuevo mirándose al espejo,
pero no me guardo rencor,
ni pienso borrar renglones
ni entrelíneas
ni páginas muertas.
Seguiré escribiendo esta mierda todas las madrugadas,
pero ya no estarás tú,
ni yo cuando tú estabas,
ni nos encontrarás en palabras donde ya no nos buscas.

Es mejor así.

Pero hasta la hora de los disparos voy a pasarme el día brindando por ti,
y por tu forma de anudarme el alma en cualquier rincón de cualquier cerveza,
por tus ojos peleando el sueño aparcados aquella noche,
por mi rendición total a tu piel
y a casi todo lo que nacía de tu boca,
mi impostura,
tu coche,
mi soledad,
mi jodida tormenta de necesidad de tu cuerpo,

por no haber podido borrar las dos letras de tu nombre,

tu condena a todas las historias por contar...

y por la puta vida.

Mañana,
al despertar,
habrá desaparecido nuestra primera edición de todas las bibliotecas,
se recogerá el cadáver de nuestras novelas por incomparecencia de los autores.

Mañana habrá tres días de luto por una función incompleta
y por las líneas de guión afónicas sin actores.


martes, 23 de septiembre de 2014

Finales alternativos

Llevo encadenado a la memoria
el instante exacto en que me enamoré de tus piernas y tus pies,
el momento en que se me ataron
como un reencuentro del pasado,
como si hubiesen existido siempre para sostener el deseo
mientras caminaba túneles de metro
y conducía ombligos de soledad,
como si ya estuvieran allí
mientras buscaba aparcamiento al lado de la vida
en esta ciudad mitad enorme y tan vacía.

Ahora desempolvo los dedos porque ya no puedo utilizar la garganta,
porque siempre salgo malherido tras las emboscadas del desaliento...
pero vivo.
Porque me he cruzado con ese rincón cabrón
en que te reconocí desnuda sin darme cuenta
cuando decidiste ignorar todas las alarmas,
cuando me quedé sordo a fuerza de gritos de estómago
huérfano de tu sexo,
cuando follábamos sin tocarnos,
cuando a la noche,
al llegar a casa,
eran mis manos y tus dedos los que sustituían los cuerpos.

Allí estaba tu fantasma y yo sentado.

Compañeros de segundos
condenados a repetirse ensayando finales alternativos.

viernes, 5 de septiembre de 2014

Alojamiento y desayuno

El siguiente paso sería dejar correr el tiempo 
si no se me hubiesen parado todos los relojes, 
o buscar camas de alojamiento y desayuno 
como canto de cisne de mi honestidad. 

Pero ya sabes lo que odio follar por follar, 
los cuerpos incompletos 
se asoman demasiado cerca al vacío, 
y necesito dejar mi adicción al vértigo, 
al otro, 
al que no llega desde tus acantilados, 
desde tus hombros 
tus pies,
desde la yema de tus dedos 
señalando la salida de mis laberintos. 

He probado a escribir tu nombre en la arena
y esperar a que suba la marea, 
como si ahogando tus letras pudiera borrarte, 

a ti.

Le he dejado el trabajo sucio al mar, 
como un cobarde.

He necesitado quemar tus libros
en un holocausto de palabras que olvidar,
todas mis coartadas para mirarte dentro,
tu Waltari, 
tu Ende, 
tu Wenceslao.

He intentado llorar a secas, 
sin usar las tripas,
pero siempre me crece tu ausencia a espasmos
y tu cuello con sal 
y tus preguntas.

Dormir en esta ciudad ya no me sale.

Y a las cuatro de la mañana 
los informativos cuentan que se ha caído otro árbol en Madrid. 

Confirmando los pronósticos
estas calles cada vez se parecen menos a un bosque salvaje,
a una boca caliente para no morirse de frío, a un animal,
a un apeadero de dudas que sangran,

a un cuerpo para quedarse.

Cada vez son menos tú y más esta maldita enfermedad.   


jueves, 4 de septiembre de 2014

y supuran en negro

Voy a denunciar a la vida 
por joderme sin pagar,
por sodomía sin acreditación, ni licencia, 
ni besos postviolación,

por el uso indiscriminado de tus ojos
como arma de destrucción, más IVA,

por tatuador de tinta infectada grabando recuerdos
y bocas 
y caderas 
que ya no se borran del pecho,
y son tuyas,
y sangran,
y supuran en negro

sobre el papel.


miércoles, 3 de septiembre de 2014

café solo

el café, 
esta mañana,

sin azúcar,
dos cucharadas de recuerdo
caliente,

solo,
sin leche,

sin tus ojeras,

sin ti.

martes, 2 de septiembre de 2014

Ya no me quedaban papeleras

Empecé a escribir con la heroica intención de sobrevivir. 

Tenía quince años. 

Quería dar alimento a todas esas arañas 
que tejían las esquinas de los techos de mi cabeza.

Necesitaron carne fresca 
y no versos malcriados creciendo desobedientes.

Así que las letras se inmolaron 
como terroristas suicidas sin más religión que la vergüenza.  

Poco después ya no me quedaban papeleras.

Dejé de escribir.

Me quedé dormido.

Por eso ahora siempre llego tarde, 
por eso todos los lugares ya han sido lugares de otro, 
como las líneas, 
y las entrelíneas. 

Por eso no soy más que un impostor 
queriendo dormir con retraso entre tus piernas, 
o dentro de tu boca, 
o de ti, 

completa. 

Y viajo con la maleta llena de paredes frías, 
y miedo y carne y sexo, 
y cuatro estaciones de tristeza, 
y palabras desordenadas para decirte lo que ya sabes. 

Tarde…

Puede que ciego.

Ojalá entendieras lo que significan tus lunares. 

y no me corro (perdón Vallejo)

no sé si corro detrás 
o delante
de mí,
si me huyo
o me persigo,
anótalo en la lista de mis dudas de cerveza,
junto a qué coño hago aquí,
tan rodeado de nadies,

o por qué 
no 

ci
ca
tri
zas.


lunes, 1 de septiembre de 2014

Melancolía en prosa

[Como consecuencia del golpe, el tuyo, y de tu facilidad para olvidarme sin que te suponga un problema, palabras que te robo, y dado que yo he tenido que buscar refugio en medio del bosque más frondoso que había visto en mi vida… hoy toca olvidar versos y subirse la bragueta.]


Hoy toca escribir melancolía en prosa, o más bien, una confesión de asesinato, desmembramiento, y enterramiento por partes, las tuyas, con el único propósito de alejarlas de mí y entre ellas, no vaya a ser que un día me dé por intentar reconstruirte. 

El libro tenía razón, 
nosotros teníamos razón, 
los árboles en Galicia cantan, y bailan, y se tocan, y hablan entre ellos, y lo hacen tan alto que atraviesan las paredes de piedra de esta casa. Por eso anoche tuve que salir de madrugada a la hora que era nuestra, y pedirles sitio para enterrar tu ombligo. Antes de señalarme la tierra me preguntaron por ti, les tuve que decir que no has podido venir entera.
Les he mentido, 
por eso me he muerto en el bosque que rodea Penaquente.

Tu pierna izquierda la he dejado junto a la pared sur de la Garita de Herbeira. Le gustará, no te preocupes demasiado, (¿por qué siempre vuelvo a tus palabras?). Me ha parecido un buen lugar, el viento es tan fuerte que he gritado tu nombre y no he podido escucharme. 
Al principio ha dolido bastante. 
Pero luego no. 
Hubiese sido la hostia verte caminando por una montaña tan mullida, tan como una alfombra de invierno, tan como tú. Hubiese sido la hostia que el viento, en lugar de cortarme la garganta para enmudecerme, te hubiese levantado el vestido para regalarme tu cuerpo. 
Nadie me ha visto, 
por eso me he muerto un poco más abajo 
contra las rocas.

En Os Aguillóns se ha quedado tu sexo, allí se cruzan un mar y un océano, dime que no he sido benévolo con el olvido. A la espalda tiene un faro encendido para que no se haga daño contra el acantilado si decide regresar de noche. Ya ves, incluso muriéndome a pedazos lo prefiero sobre mi cama y,
por supuesto, 
allí también he muerto. 

Y tus hombros 
y tu boca 
los he abandonado en una cala sin nombre con paredes de pizarra. 
Sólo me ha hecho falta apoyarlos junto a mis huellas, 
esta noche sube la marea. 

Tengo tres días más para desmembrarte. 

Para quedarse en este lugar hay que estar muy en paz o muy en guerra.

domingo, 31 de agosto de 2014

La puta sed de no beberme tu saliva

Por un día que decido no cerrar los bares 
y vuelvo a casa cuerdo como un loco, 
no me queda cerveza en la nevera. 
Yo que venía a provocarme la ceguera en el sillón 
a la luz de las velas, 
que he renegado de las rubias abiertas, 
me tengo que conformar con mirar al techo 
porque no soy bastante hombre para el whisky on the rocks, 
o no encuentro la botella.

Odio las paredes de mi casa cuando no se mueven a polvos 
ni a malabares de bocas, 
odio las copas de vino 
y las palabras que no te salen, 
y haber borrado tu número en un ataque de dignidad, 
y mi cara, 
y mis manos, 
y el insomnio, 
las pesadillas, 
y el puto hambre de tus piernas, 
y la puta sed de no beberme tu saliva...

Y aquí estoy, tumbado en un manojo de odio,

y tú,

¿dónde coño estás? 

sábado, 30 de agosto de 2014

Melodramas

Voy a ponerme melodramático...

Decidiste que fuéramos el prólogo de la primera edición, 
antes de leer te asustaste de los puntos y seguido, 

ahora somos herederos legítimos de tu miedo, ahora
somos incapaces de desnudarnos la distancia porque duele.

Te proclamaste juez y jurado con falta de pruebas
y yo como testigo de cargo contra la tristeza. 

La condena es una historia sin comienzo... 
¿cómo coño escribimos el final? 


viernes, 29 de agosto de 2014

asumir responsabilidades

desde que te largaste siempre se repite la misma escoria,
todos los caramelos son de manzana
pero no les encuentro el pecado,
prefería el sabor de tu cuello sin empaquetar.

y eso que salgo mentalizado por esos bares, 
consciente de que nadie en la barra 
tiene tus dedos para reescribir las huellas de mi cerveza,
ni tus piernas para afrontar las consecuencias.

me secaría el sudor en otras sábanas de sexo desquiciado
si me insinuaran la sombra de uno solo de tus adjetivos,
pero hay una epidemia de desinspiración en la ciudad,

o soy yo,

o eras tú,

o seremos nosotros.

moriré castrado por ausencia de musa erótico-cerebral
y no devorado en un festín postcoito entre tú y tus huesos
que era mi plan de suicidio preferido.

te hago irresponsable.









Definiciones asesinas

Tú lo llamabas unión intrínseca de cuerpos extraños, 
comunión pagana de sexos estrangulados por la necesidad mutua, 
intercambio de espasmos en cardiopatía crónica... 

yo lo llamaba echar los mejores polvos que he conocido. 

Ya sabes, 
siempre fui más directo. 

Y tú buscando explicación a los hechos contrastados, 
como si por fuerza estuviéramos equivocados. 

Para ti 
lo nuestro era un presente copulativo con cargas de adrenalina 
y una venda sobre los párpados. 

Fue culpa tuya, 
te perdiste el amor entre definiciones.

jueves, 28 de agosto de 2014

Semidemencia

Lo más duro de perderte es perderme a mí cuando estaba contigo, y despertarme por las mañanas sabiendo que no usaré más tu cuerpo como pan para el desayuno, y la soledad en la punta de la lengua, y... 

No sé en que momento estúpido se me ocurrió hacerme un corte en la garganta para dejar de hablar, y afiliarme al silencio por automutilación de adjetivos, y de posesivos. La consecuencia es que tengo la colada llena de verbos sucios pornomentalmente hablando que no dejan de gritar, y un pecho en liquidación por traslado a quién sabe dónde. Y el cabrón no tiene ganas de mudarse y, heroicamente, se vacía al pormenor sin regateos.

Así que no me pidas que no tiemble cuando voy al supermercado con los pulmones de saldo, porque Brugal y Negrita comparten pasillo, y si te encuentro por descasualidad o causalidad evitable, qué carajo voy a contarte con la garganta en sección, si yo ya no soy yo cuando estaba contigo. 

¿Con qué vestimos la educación si lo que me apetece es follarte?

Y vuelta al insomnio de flashbacks por la espalda, y a cambiar algo de pena por apetito, y a menguar a base de pensamientos dislocados que disfrazo de renglones en pantalla, y a toda esa mierda que ya no me manchaba, o me manchaba menos, desde que supe que tú eras tú entrando por la puerta y yo fui yo sin convalecencias. 

Te / me / nos echo de menos reconstruyendo costillas y ojeras.




Falta de sueño(s)

Supongo que el insomnio 
no es más que mi mente en guerra 
para evitar pasar por los sueños de puntillas. 

Supongo que, 
cuando se rinde, 
ya no le quedan fuerzas para defenderme de las pesadillas. 

Y ya no hay barreras, 
y siempre te sueño de lejos, 
y te veo allá, 
y mueves los brazos, 
y un momento después 
son las manecillas de un reloj que me saco del bolsillo, 
y ya no eres tú 
si no un goteo de partes de ti que desaparecen. 

Me joden las sonrisas como efecto secundario, 
también me duele una muela 
y el sudor del maldito agosto. 

(Anoche llevabas un vestido negro, y estabas jodidamente guapa.)

miércoles, 27 de agosto de 2014

despierta...

utilízame,
sé sangrienta,
cruel,
atemos tus fantasmas a la cama
junto a los míos,

que se mueran,
que se jodan.

déjate el nombre y las dudas
junto a tu forma
en el colchón,
tus bragas en la cocina,
tu ombligo en mi boca,
tu miedo en la bolsa de basura,
junto a todo ese pasado
que 
vamos 

romper.

regresa anónima a tu casa,
mordida,
astillada,
todo presente, y después
qué importa.

busca una excusa para volver
y ya no tendré ninguna
para no quedarme,

con una condición...

el día que busques un amor de invernadero,
de champú sin piel ni agua caliente,
de cuatro piernas sin sexo en el sofá...

despierta...

vuelve a mirarme a los ojos.







Cecebre

Estoy haciendo la maleta para huir de la escritura en femenino singular, más concretamente, la de tu cuerpo y mi soledad. He guardado la ropa, la pasta de dientes, y, en la otra esquina, un bosque entero animado en papel como guía de viaje. He marcado en rojo el lugar donde pienso abandonarte, he subrayado el cuento, y quizá lo lea en voz baja sentado en medio de la fraga, ya conoces mi tendencia a todo lo ceremonial cuando lo que te dejas son 21 gramos en la historia, o lo que sea que pese el maldito alma.

El problema es que eres tan obstinadamente tú, tan tus pies y tus entrañas, que te vas a presentar en medio del ritual, como una diosa pagana de sexo mental, y voy a olvidarme de cerrar con llave la caja de tu recuerdo. Como esta mañana, cuando he recibido aquel pedido que no pude anular después de tus barricadas, y he abierto el libro de Grandes por la dedicatoria, ése que me recomendaste, y A Luis, medio millón de veces, y la vida o el destino o el basurero de estos días se ha descojonado en voz alta, y tú, qué extraño, mirando para otro lado a carcajadas de olvido en medio de una violación intelectual póstuma. 

Lo he supuesto consecuencia de la omnipresencia, pero me ha jodido.

En un par de días te clavaré una lanza en Cecebre.






martes, 26 de agosto de 2014

mensajes en el parabrisas a hostias de Verdad (y el resto sin mayúsculas)

una demolición,

supongo que fue eso,

bajo farolas encendidas
y madrugada,
aparcado junto a la acera
por la que regresaban 
todos
menos tú.

los ojos cerrados
como cristales rotos,
y los huesos
palabras,
y lágrimas de combustible
para arrancar el motor
calado de frío.

y un volante,
claro,
para perderme en tu dirección,
y el freno
de tus manos.

letras apretadas
en tinta negra
y un sobre blanco
como tratamiento 
contra el dolor de estómago,
y la borrachera,
y la soledad.

una nota de suicidio
de nosotros
en tu parabrisas
a las cinco de la mañana,
o,
simplemente,
yo sin ropa
y sin carne
y sin tú
para calentarme.

un instante,
un grito,
un orgasmo de ausencia,
un polvo mental
a empujones de palabras
contra tu cristal.

mi demolición,

supongo que fue eso.




El suelo empapado

Hoy he amanecido lloviendo segundos, es una sensación extraña ésa de notar instantes saliéndote por el pelo, por los brazos... pica, escuece y, la verdad, me ha puesto un poco triste. 

Cuando tú estabas y me despertaba así, te utilizaba. No te dabas cuenta, pero cuando me giraba en la cama y te acariciaba las caderas y me aprendía tu espalda y te follaba, lo que me dejaba dentro de ti no era otra cosa que el tiempo que se me caía… era yo, y tú la clepsidra que necesitaba, la que me medía. Suena pedante, sí, pero tú me enseñaste esa palabra… jódete.

¿Cómo se te ocurrió hablarme de miedo a repetir finales? Como si nadie más que tú hubiese sangrado antes, como si el dolor dejase vírgenes por alguna calle, como si… yo… fuese igual que otro.  

Y en tu increíble imaginación, por no repetir, te inventas un final nuevo en un ataque de creatividad cobarde, y no te presentas en el campo de batalla. Deberían juzgarte por crímenes de guerra, por robarle los labios a las bocas. 

Ahora pierdo trenes, y me desangro en algunas cafeterías, y esquivo aceras por si me cruzo con tus piernas, y tus hombros, y tus cicatrices, y ese lunar tuyo que hoy es un balazo en el pecho, y dejo el suelo empapado cuando amanezco lloviendo tiempo perdido por la piel, y lo miro, y te echo jodidamente de menos. 

Y me quedo en casa 
porque odio esta ciudad sabiendo que te contiene.  

lunes, 25 de agosto de 2014

lobotomía frontal inversa

una madeja enredada de pensamientos de letrina
a las cuatro de la madrugada,
y esta lobotomía frontal mirándose al espejo
que me golpea con la vida en lugar de cortar hilos,
dejarme en coma,
y todo eso que consigue desconectar a los locos.

o el síndrome de tristeza endémico a mis pestañas,
que no baja la fiebre,
ni los temblores,
ni la sed,
y me deja la cama en cuarentena.

además de esta tendencia absurda que me ha nacido
de pensar todo en palabras que empiezan con la letra a...
antes,
aquí,
ambiguo,
adiós...

que
siempre
conduce
a
tu
nombre.

y también tu costumbre de ser
el mismo final para todas las carreteras secundarias.
y ante todo,
el afán de beberme mi mierda con tequila a secas
porque prefiero la sal de tu piel a la de cuellos salvavidas,
que me acaba haciendo vomitar alcohol y tripas
en cualquier calle,
en cualquier papel.

y sólo han pasado seis días.






sábado, 23 de agosto de 2014

Fundido en negro

El final. 

Una especie de acantilado de instantes y reproches rompiendo contra las rocas, que acompaña el silencio de la habitación, el de la cama, el de las paredes… el que rodea ese cigarro de madrugada asomado a una calle dormida y vacía y fría… y muerta. 

¿Cuántas noches puedes pasar escuchando tus latidos? 

¿Cuál es el límite?

El vagón está lleno, claro, y los únicos bolígrafos que tengo, en señal de respeto, se lo agradezco, son de tinta negra. Pero yo sigo leyendo por los túneles de Madrid, rodeado de cuerpos indiferenciados, indiferentes, y sigo subrayando cualquier verso de sexo y estómago como si fuera a leértelo después… 

como si fuera antes. 

Me pregunto si eso es el final, si en eso consiste, en mantener las costumbres intactas hasta que las haya devorado la ausencia, hasta que la erosión las haga desaparecer después de deformarlas y darles un aspecto ridículo. Tanto como mi reflejo en la ventanilla cuando el tipo sentado enfrente ha guardado su móvil, y se ha levantado llegando a Argüelles, el muy cabrón, dejándome cara a cara conmigo, aquí, en el maldito metro, con un libro en la mano, subrayándote poemas por la izquierda a cincuenta metros de otra estación… 

bajo tierra.

Y todo ese catálogo obsesivo de comparativa en el bolsillo, cuando la mente se pone a pensar en absurdo, y ya no hay ojos marrones si no más o menos marrones que los tuyos. Ni existen bocas pies pezones sonrisas, que no tengan que ver contigo, como si al marcharme te hubieras caído en el centro de todas las escalas. Y las ojeras que esperan en el andén ya son ojeras, y no ese malva sucio de mis noches que vestías a veces después de clase… y me volvía loco… 
y culpable, 
y con agravantes, 
y premeditación, 

y puta vida.   

Y al final el final es un tintero que gotea, quién iba a decirlo, y nosotros sin escoba ni cojones para barrer las calles, y una esquela sin edad para el maki de atún sobre tu ombligo, y fobia a los caramelos de limón sin tu garganta, y unos cuantos libros por correo que no han llegado a tiempo y no pienso devolver.

Y al final el final es esto, náuseas y cerveza y ron, y un paquete con retraso entregado a la memoria por un cartero borracho, cuando el destinatario era el olvido.

viernes, 22 de agosto de 2014

Reflexionando en cursiva

Hay que reconocer 
que eres la hostia reflexionando en cursiva,
que tu costumbre de cimentar argumentos
abrazándote las piernas sobre el césped 
para que sean tus muslos los que dicten sentencia,
transforma la tarde 
y el humo
y la cerveza
en la línea de salida.

Has reinventado el erotismo ilustrado,
conviertes tus palabras en mi autopista hacia el polvo,
y me conduces, 
y me enseñas,

y yo me dejo llevar,

y enseñar,

y follar.

Y además,
no necesito rescate,

me quedo con mi secuestro crónico,
con tus clases particulares de cicatriz y ombligo,
con tu Ende 
y mi Bukowski
y tu playa detrás de la montaña 
y la mía de arena negra,

y sobre todo,

con esa forma de comerte mis poemas

a dos milímetros de la boca.

Con la tecnología de Blogger.