Todavía persigo las resacas productivas,
las del corazón indigente del abrigo roto
pasando frío en el baño al amanecer,
y a las deudas de la memoria,
ya ves,
firmadas en servilletas
y en etiquetas de Mahou.
En Madrid había anoche rincones sin Navidad
ni caza de regalos por contrato,
y una Cuesta de los Ciegos en penumbra
que se guardaba tu sombra en el séptimo escalón,
donde me senté a respirar...
y a (des)esperarte.
La ciudad llena de esquinas hacia arriba y hacia abajo,
y yo,
imagínate,
perdido en la ruta hacia palabras de otras
sin dejar de buscarte en cada cruce de caminos,
y tú,
no lo sé.
Menudo imbécil.
Me jode llevarte a la espalda y no a la cintura,
me jode no sujetar tus caderas contra las calles,
ni atar tus cordones a tus muñecas
para follarte y leerte después.
Es síndrome de abstinencia
vomitando renglones con caries por la yema de los dedos,
desdentados,
que no sirven para cortarte.
Son la línea de meta y de salida
tocándose en el colchón.
Por eso bebí tanto anoche,
porque no sabía explicarme,
porque todavía persigo las resacas productivas
de corazón indigente y abrigo roto y hambre y frío
y,
a veces,
disculpa la decencia,
a ti.
domingo, 21 de diciembre de 2014
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