lunes, 13 de octubre de 2014

y las ganas

Ataría la lluvia con cadenas si no hubieses robado todos los eslabones, 
así, 
para indultar nuestro odio a los paraguas 
y empaparnos. 

Pagaría al contado una ducha caliente para dos, 
una habitación en el trastero, 
un jergón deshecho donde desnudarte la boca, 
y que fueras de cristal, 
                                      y de sudor y de hambre. 

Mi estómago se queja de nostalgia de palabras por las calles de Madrid 
mientras cuatro violines tocan en Callao mi tango favorito. 

Llueve, 
la lluvia se me amontona en tu ombligo, 

y la sed, 

y las ganas.

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