Tú lo llamabas unión intrínseca de cuerpos extraños,
comunión pagana de sexos estrangulados por la necesidad mutua,
intercambio de espasmos en cardiopatía crónica...
yo lo llamaba echar los mejores polvos que he conocido.
Ya sabes,
siempre fui más directo.
Y tú buscando explicación a los hechos contrastados,
como si por fuerza estuviéramos equivocados.
Para ti
lo nuestro era un presente copulativo con cargas de adrenalina
y una venda sobre los párpados.
Fue culpa tuya,
te perdiste el amor entre definiciones.
viernes, 29 de agosto de 2014
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