Cuerpo extraño,
tumoral,
de todas las
avenidas,
jornalero por el
pan,
calvo
y con gabardina.
Comandante,
Dios mediante,
de la posición
fetal,
del
exhibicionismo inmoral
convertido en vil
rutina.
Alteración
erguida del medio,
grupi en cualquier
sepelio
de la cosa nacional,
por eso de aguar
fronteras
dibujadas a dedo
y tinta
por cien manos de
rameras
señalando el bien
y el mal.
Cirujano
autodidacta
que hace tiempo
ya que pacta
con la vida un
vis a vis,
cuando pisa una
taberna
caminada
por el filo de esa
pierna, por el tajo,
qué carajo,
de lo que está
por venir.
Deshollinador
camorrista
de la aorta y lo
arterial,
no olvidaré en
esta lista…
¡Muerte a esos
onanistas
del ejército
intelectual!
Quizá por eso,
por negarme a ser
un preso,
el vuestro,
calladito y
servicial,
a veces,
queridos míos,
a veces os caigo
tan mal


