martes, 29 de marzo de 2016

Autorretrato y algún que otro garabato

Cuerpo extraño,
tumoral,
de todas las avenidas,
jornalero por el pan,
calvo
y con gabardina.

Comandante,
Dios mediante,
de la posición fetal,
del exhibicionismo inmoral
convertido en vil rutina.

Alteración erguida del medio,
grupi en cualquier sepelio
de la cosa nacional,
por eso de aguar fronteras
dibujadas a dedo y tinta
por cien manos de rameras
señalando el bien y el mal.

Cirujano autodidacta
que hace tiempo ya que pacta
con la vida un vis a vis,
cuando pisa una taberna
caminada
por el filo de esa pierna, por el tajo,
qué carajo,
de lo que está por venir.

Deshollinador camorrista
de la aorta y lo arterial,
no olvidaré en esta lista…

¡Muerte a esos onanistas
del ejército intelectual!

Quizá por eso,
por negarme a ser un preso,
el vuestro,
calladito y servicial,
a veces,
queridos míos,

a veces os caigo tan mal

Incubadora

El tiempo es el sudario del sudor
de aquel niño cabizbajo,
los dientes de carcoma del pudor,
el fin de la cantata en mí menor,
de sus misas,
sus campanas,
sus atajos.

El tiempo es este pasillo,

tan oscuro,

tan recto...

También es el hilo muerto 
del ovillo de la abuela y el jersey,
susurrándole a escondidas al ganchillo
todo aquello que pasamos, 
hijo mío,
a costa del treinta y seis.

Me ha regalado el consuelo
de las capillas ardientes
en barras de medio pelo,

la adicción al accidente,

al escalón.

Me ha robado algún hermano,
el muy cabrón,
y lo ha enterrado mil veces.

El tiempo es la epidermis
que se arruga en la ciudad,

nos cubre,
nos incuba,
nos espera…

Se ha mudado a mi escalera.

No tiene

la más puta piedad.

jueves, 24 de marzo de 2016

Supernova

De niño
soñaba con ser astrofísico.

Fue mi primer sueño abandonado.

Hoy
veinticuatro de marzo,
treinta y ocho tacos,
leo la noticia:

"El telescopio espacial Kepler
permite observar,
por primera vez,
el estallido de una estrella 
al morir."

Hoy,
tumbado en la cama,
en la tele una serie de mierda,
veinticuatro de marzo,
treinta y ocho tacos, 
la garganta encogida 
bajo la velluda manaza del tiempo,

escribo:

"Murió,
en el más estricto
de los silencios."

martes, 22 de marzo de 2016

Tan venas sin heroínas

Ella escribe en peristalsis,
tiene los dedos cosidos
a bocados de emergencia,
a veces muerde,
a dentelladas de calor
y de impaciencia,
si se pierde por las calles su ambulancia
y a la noche
la consume esa arrogancia
de ciudad para invitados.

Sus renglones son el fruto
de ganarle el pulso a los dados,
de algunos sueños caducos,
de correr,
de romperle las líneas
a todas esas legiones
que avanzan tan intestinas,
tan venas sin heroínas,
jodiendo las digestiones.

Ella escribe
cuando la cama es maula,
ella os escupe un “que os den”
en el medio de la veta de la tabla
donde cortáis el pan.

Y yo,
polizón en sus arterias,
necesito masticar,
como un enfermo,
el sabor a hueso de su boca,
a diente,
a tibia,

a bañera caliente con sal,

en cuanto sangra.



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