domingo, 17 de junio de 2018

Apeadero

Existe una miseria
en cada llegada a casa,
un rumor tísico
de derrota.

No basta 
la presencia de la ciudad
ni el estar de sus habitantes.

Les veo pasar
y me veo,
después,
sacándome los calcetines
o la inmundicia de lo caminado
antes de abrirme una cerveza. 

Me sorprendo a ratos medio dormido
en los vagones del tren del que bajé.

Y me cuelgan, también, los pies
desde estas barandas rectas de apeadero
donde espero una presencia,
sentado,

la mía, quizá,
la que huyó tras el descalabro,
la que se acusa de haber sido 
alguna vez
y te persigue.


viernes, 15 de junio de 2018

Axioma

Moriré solo.

Como tú.

Parte de una comunidad superflua,
de un accidente.

Espero con buen ánimo
sentado en este banco.

Cruje cuando me acomodo,
un llanto leve de madera,
tal vez.

Observo.

Es placentero mirar.

Me levanto de cuando en cuando
si merece la pena
o me da por acariciar el pelo
de un transeúnte.

Es esa mi recompensa,
un leve tacto
como declaración.


Lupus

Mi abuelo, siendo yo un crío, me ponía una cinta que narraba la vida de una manada de lobos y regalaban con los yogures de Yoplait. A mi abuelo, en el pueblo, un pueblo de La Mancha y de cultivo de azafrán, lo apodaban "el lobo" porque su madre, mi bisabuela, tenía un apellido peculiar. 

Moralobo.

En singular.

Como un presagio del desierto.

Mi oído de niño temía los aullidos grabados en el casete. 

Hoy, tengo el hombro pintado con aguja en negro y en memoria de aquellos días. Hoy, el pasado en la boca sabe a bolsa de pipas con sal, para después de las comidas. 

Hoy, hay un monte vacío en la tripa convulsa de la ciudad.

Quizá no signifique nada.

Quizá.



Tareas

¿Cuál es mi misión?

¿Escudriñar una calle estrecha
desde la ventana?

¿Ser guarda, quizá,
de un campo caduco,
de la grieta en la costra de los surcos
o de una dehesa deshabitada?

Es terco el avance de los días,
monótono,

un goteo abstracto,
simbólico,
del desacierto.

Pero sigo en la pelea,
sonado,
veterano,
al borde de la extinción,
con más canas en la barba
que antaño.

No podréis hacerme daño,
de eso
me encargo yo.








lunes, 11 de junio de 2018

Para alguno

Si necesitas algo, me despiertas,
que no es mi sueño tan recio
como para permanecer,
que se mueve,
más bien,
con una dignidad mentirosa.

Si tuvieras un temblor,
un ligero espasmo en el recuerdo
o en la pesadumbre,
sólo encoge la garganta y el vacío
con mi nombre.

Estaré recostado,
inerte en apariencia,
como en un rincón,
como con manos ausentes,
con antebrazos elásticos
como de muerto reciente.

Estaré en el refugio contra el tedio,
ése con forma de catre 
y de hambre
en aquella esquina.

No está lejos, míralo,
y mi sueño
no es tan recio.







Ezra

De Tirso a Tribunal,
esa es la ruta
que encuentro en un billete perdido
entre las páginas del cabrón de Pound.

Noche olvidada,
para vosotros
y para mí.

Hasta hoy.

Como Pound,

insensatos.









Lunes

Hay quien duerme hoy,
ya lunes,
pasada la una,
como si nada sucediera.

No conocen mi casa
ni mis pulmones,
aquí,
recogidos en una habitación minúscula,
bajo una pared de carteles
que colgué asimétricos
con mi nombre.

Ignoran mis ganas de silbar,
la preocupante superpoblación 
de mi cenicero,
la intranquilidad de todos los paseos
entre paredes.

Duermen
alejados del aire que llena los espacios,
de la vigilia tensa que precede al día,
a la incógnita.

El insomnio es un semental de trote insaciable,
sediento de cuerpos,
abrevándose,
a veces, 
de mí.



Sulfi

Mi gata ha vomitado hoy
babas con sangre.

Ya ha luchado por su vida,
antes,
en las calles.

He recogido parte de ella,
hoy,
del suelo de mi cocina
usando un puñado de papel absorbente.

Ahora duerme mientras escribo,
su sangre disidente está en la basura,
oxidándose,
supongo,
allá en el cubo,

como la de todos,

como la mía si se marcha

mientras duerme.




Tanto tiempo

Asaltaría tu balcón, 
lo juro,
con vértigo
de niño descalzo de las afueras.

Me plantaría allí con mi bolso
y mi jersey,
con tabaco en el bolsillo,
con los mismos tatuajes.

Asaltaría tu balcón,

te lo juro,

tras una expedición de taxi
por eso de la urgencia,
que parezco un hombre muerto
últimamente,
estático,
con una leve hipoxia.

Erguido tras tu puerta,
amarrado a Madrid por la cintura
como un obrero de la reconquista,
sería capaz
de usar los nudillos contra el cristal
y de un rostro digno
como habitante de la sepultura
que regresa.

Saldría ahora de mi portal
como un presente de memoria

pero temo

no reconocerte.


miércoles, 6 de junio de 2018

Eme

Hay algo de heroico
en la tranquilidad de un gato,
una resistencia sutil,
un ponerle a la vida
su camisón de trapo,

una elegancia
de guerrilla en pausa,

un caminar siempre al filo
de los balcones.







Estanqueidad

Amarillean las fotos en papel
y el árbol de Cecebre
empieza a cubrirse de óxido
aquejado en su queja de tiempo.

Lo observo,

así, 

plasmado en su materia perecedera
y me pregunto si sigue en aquel lugar,

me pregunto si sigo

en aquel lugar.

Escribir

Una pared gris
como de diente usado
con trazas ligeras de sangre,
un pezón de nieve para mamar del frío
y este brazo de la nada
que me sostiene.

Madrid y tejas entumecidas,
ejército de la arcilla propuesta
para el hurto de la lluvia.

Una mesa,

un teclado,

unos papeles.





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