Llevo encadenado a la memoria
el instante exacto en que me enamoré de tus piernas y tus pies,
el momento en que se me ataron
como un reencuentro del pasado,
como si hubiesen existido siempre para sostener el deseo
mientras caminaba túneles de metro
y conducía ombligos de soledad,
como si ya estuvieran allí
mientras buscaba aparcamiento al lado de la vida
en esta ciudad mitad enorme y tan vacía.
Ahora desempolvo los dedos porque ya no puedo utilizar la garganta,
porque siempre salgo malherido tras las emboscadas del desaliento...
pero vivo.
Porque me he cruzado con ese rincón cabrón
en que te reconocí desnuda sin darme cuenta
cuando decidiste ignorar todas las alarmas,
cuando me quedé sordo a fuerza de gritos de estómago
huérfano de tu sexo,
cuando follábamos sin tocarnos,
cuando a la noche,
al llegar a casa,
eran mis manos y tus dedos los que sustituían los cuerpos.
Allí estaba tu fantasma y yo sentado.
Compañeros de segundos
condenados a repetirse ensayando finales alternativos.
martes, 23 de septiembre de 2014
Con la tecnología de Blogger.



0 comentarios:
Publicar un comentario