una madeja enredada de pensamientos de letrina
a las cuatro de la madrugada,
y esta lobotomía frontal mirándose al espejo
que me golpea con la vida en lugar de cortar hilos,
dejarme en coma,
y todo eso que consigue desconectar a los locos.
o el síndrome de tristeza endémico a mis pestañas,
que no baja la fiebre,
ni los temblores,
ni la sed,
y me deja la cama en cuarentena.
además de esta tendencia absurda que me ha nacido
de pensar todo en palabras que empiezan con la letra a...
antes,
aquí,
ambiguo,
adiós...
que
siempre
conduce
a
tu
nombre.
y también tu costumbre de ser
el mismo final para todas las carreteras secundarias.
y ante todo,
el afán de beberme mi mierda con tequila a secas
porque prefiero la sal de tu piel a la de cuellos salvavidas,
que me acaba haciendo vomitar alcohol y tripas
en cualquier calle,
en cualquier papel.
y sólo han pasado seis días.
lunes, 25 de agosto de 2014
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