viernes, 30 de enero de 2015

Vosotros y yo

yo con ella,

vosotros
podéis salir de caza de culos de local,
asaltar Madrid en safari
con vuestras sonrisas nuevas, 
vuestros 4x4 en copas de brugal, 
vuestros calvin klein.

yo,
con ella en el sofá,
acariciando su miedo,
sus hemorragias de lágrima y saliva.

vosotros
ya me contaréis mañana el aforo,
los pezones de moda,
los asientos de atrás.

yo con ella,
recogiendo su basura,
escuchando love of lesbian, 
traduciendo cada arruga de sus labios
al besar al asalto sus complejos.

yo con ella,
con su boca.

mientras tanto vosotros haced lo que queráis,
encended mil velas de barra a vuestras cervezas,
recorred los garitos con las ganas a cuestas,
cerradlos,
las historias
comienzan en cualquier lugar...

pero yo,
yo me quedo a dormir en sus rodillas
después de abusar de todas sus heridas abiertas,
de su rabia de lunes por llegar,
de su examen de anatomía de pubis
que hemos sumado esta noche a la titulación.

ella es mi papel en blanco,
sabéis lo que eso me pone,
mi pulso en llamas,
mi distancia cero entre dos puntos y seguido,
mi hostia de realidad cuando sale por la puerta 
y tengo dudas de que quiera regresar,
y hago la cama, 
y recojo el desayuno,
me siento a escribir,
llegáis vosotros,
me habláis... 

y yo,

vacío el cenicero donde anoche me deshice,
por supuesto, 
con ella. 



martes, 27 de enero de 2015

Cierta prisa

Y yo, que voy para dieciocho meses dibujando escenas en las que nuestros pies son protagonistas, que he cortado el césped y, este verano, mantenía limpia la piscina por si llegabas, he vuelto a ponerme esa canción camino del trabajo y a pelearme con aquello de que "sólo entonces, lo mismo será que no serlo".

Y no sé si me conviene quitarme ya el jersey de ti, de cuando empezó el frío, o seguir abrigado un rato más, porque, quieras que no, esta mañana he vuelto a tener que rascar el hielo del parabrisas para ver por dónde iba antes de arrancar, y no me fío. 

Veo gente con abrigos largos aún, y me he quedado demasiado flaco como para aguantar lo que queda de invierno si me desnudo con otra y, al final, no sabe coser. 

Ya sabes que siempre que me sube la fiebre tengo tendencia al desvarío y podrían encerrarme por algún desorden público. No me importan las habitaciones acolchadas si tienen calefacción, pero, sinceramente, no las soportaría sabiendo que no vendrás al vis a vis.  

Así que dime si he de dejar de mezclar mostaza y miel, que siempre me queda amargo, sacar de la nevera tu salsa favorita, guardarte en el armario de las capitulaciones sin ventaja para el capitulado, y procurar olvidarte de una puta vez. 

Si recuerdas de vez en cuando tu forma de casi dormirte conmigo al lado, o de buscarme la rodilla debajo de la mesa de las cervezas, puedo esperarte cinco minutos más en la estación.

Empiezo a tener cierta prisa.  

sábado, 24 de enero de 2015

una simple borrachera

pronombres, adverbios, adjetivos,
calendarios de mesa,
futuro en subjuntivo,
la esclusa del túnel de la presa
donde amansas amor por objetivos.

mi escuela de los curas,
sus misas, mis estuches y sus reglas,
los renglones de las páginas futuras,
los empastes de los dientes como perlas.

los poemas con esguince de tobillo, 
Sabina, Borges, Salem y Montero
persiguiéndome por todos los pasillos
a palabras desbordando los tinteros,
a sangre de pared contra nudillos.

testículos, dedos, pulmones,
barbacoas sin carne y con pimienta
donde quemar cada puñado de razones
para olvidarte después de la tormenta.

mi guerra a los endecasílabos amargos
que me capa los sonetos
y convierte este espasmo de locura
en el Prado sin un gramo de pintura,
en nada
más que una simple borrachera.


jueves, 22 de enero de 2015

conversaciones con una (des)conocida... con paréntesis, claro.

sólo a veces y en enero,
se te olvida comer por culpa de palabras.
el estómago se llena como por arte de magia,
o de libros nuevos,
o de ojos marrones asomándose a la ventana,
o incluso 
se pueden sobrevolar los tecnicismos y admitir
que sólo a veces y en enero
ella me vibra en la garganta.

y hay muchos tipos de vibración
y a algunas
se la suda la distancia y no les importa,
todavía,
el sabor de mis paréntesis.

son casi las tres y ella sueña
con peces de todos los colores,
los que hay,
y los que faltan,

siempre vivos, 

como mis dedos intentando desnudarle el hombro
cuando me sigue las metáforas,

y a mí
se me olvida comer sólo por escucharla.  

miércoles, 21 de enero de 2015

Descender a los altares

Noches para escribir 
entre la eyaculación y la plegaria, noches
a los pies de un altar sin tus tobillos.
No supero el ateísmo contrastado 
si huele a incienso en tus caderas, si desciendes
a mi tierra en cada anuncio de condones, 
de compresas, para reírte conmigo.

Noches de boda, sin tele, 
cruzando en brazos tu sombra por el quicio desquiciado 
de mi puerta, desnudando
el recuerdo de hacer lo que haces,
que ya no haces pero persigo
con cada recodo de piel 
con el que sello algunas cartas al destino. Noches
de tirar la basura muerto de frío.

De amor desenfocado, de sexo en diminutivo,
de pronombres separados en dos bolsillos sin sal,
de un cigarro tras otro, 
de mil libros.

Las bocas durmiendo entre cartones,
no hablar,
silencio,
los clítoris en los cajones, y aquellas cerraduras
abiertas sólo por tus 24 años de sutura, que ahora guardan
un par de polvos de clausura que no me dan de cenar.

Noches de febrero menos nueve días,
de año miope y no bisiesto,
noches para guardarse el resto, noches
como esta.








cuando duermes allá

he soñado con el blues de un guitarrista negro,
con acordes viscerales, cuerdas de tripa,
con el calor de tus muslos apretando mis mejillas,
con un festín de carne a tu puerta abierta
no sé cuántas pulgadas bajando de tu ombligo.

con el olor a campo y pan que te crece en la barriga
cuando apoyo la cabeza para dormir
después de los orgasmos,
y redefinimos el porno cocido a fuego fuerte,
se me añade, 
por favor,
medio litro de alma a los tres cuartos de sudor.

había cadáveres de tiempo aniquilado,
congelados sobre la nieve al otro lado de la cocina,
como en el libro que me enseñaste y me cené,
y en la nota de suicidio del pasado enmarcada en la pared.

juraría que por eso acordamos
no acordarme del después, o ya no existe
más allá de tu piel y del delirio.

Preferencias y desvaríos

Amo los libros de segunda mano con dedicatoria,
las ventanas sin cortina 
que dan a calles estrechas de Amsterdam, 
el blanco y negro en la pantalla y en las fotos
transformando el gris en arte...

un momento, 
espera,
eso era sólo envidia.

No sé vivir sin puñetazos sobre la mesa de la rutina,
sin los kilómetros en perspectiva,
sin rozar el vacío del tanque 
de la gasolina, sin números primos,
ni de circo de payasos 
allá por la tercera pinta. 

Me duele el índice de la mano derecha sin motivo,
y el de tu agenda sin mi nombre en cualquier esquina.
Tengo achaques nocturnos 
cuando no firmas mis recetas, y la tendencia innata
a la pedantería de bar
como desagüe del alcohol y la nostalgia.

Adoro las excursiones sin víveres al centro de tu universo 
y de tu cama,
escribir en tu ausencia como si estuvieras
escondida en el armario de las sábanas, agachada
en el asiento de atrás 
mientras escapamos de las oficinas
y el órdago,
esta vez,
no tiene cartas marcadas.

lunes, 19 de enero de 2015

excusas, motivos...

las líneas de las manos, 
las palabras fugitivas con pasaportes falsos,
y el toque de queda para los guardias de frontera
a eso de las diez,
son mis excusas esta noche para vestirte de destino.

los caminos enlazados,
las señales triangulares de caderas peligrosas,
justo en la encrucijada,
cuando giraste a la izquierda y me dio por intentar
construir mi casa entre tus piernas 
deshojando el manual y la vergüenza.

la chimenea del salón donde follamos anoche 
antes de despertar, 
del café, 
de la limpieza de las estanterías,
del polvo existencial sobre mis uñas,
de mis ganas sin abogado esperando tu condena. 

y tu atasco de palabras con sonrisa,
delante de la cerveza, 
cuando nos quedamos solos por tercera vez.

pero más que nada,
ese telón transparente ante tus miedos,
que me dejaba ver
mientras jurabas a los ojos

"no me importa lo que pienses...

se acabó la función".





domingo, 18 de enero de 2015

Quizá

Te siento cerca, explícame eso. No estás aquí, sentada, mientras me bebo la cerveza y me fumo un último cigarro más, mientras busco algún cedé en la estantería y la gata juega con un ratón de trapo. Es como brindar con un fantasma. Explícame eso. Esta borrachera de tu sombra mientras supongo que andarás estudiando, o buscando las respuestas a cualquier pregunta sin letra de imprenta. Como hacías siempre. 

Pero también estás aquí. 

Como si hoy no te necesitase otra vez en carne y huesos, qué insensatez. Y cuando me he sentado a escribir esta mañana, el final ha sido diferente. Quiero decir que todo ha comenzado como de costumbre, una náusea insoportable que nace en el estómago, los pulmones, la garganta... que confunde el papel o la pantalla con un baño de gasolinera donde no importa demasiado lo que te dejes. El momento del vómito es el más doloroso, el segundo en que la arcada te hace perder el control y convulsionas sin poder evitarlo. Duele, es desagradable. 

Todo eso ha sido igual.

Lo que ocurre después es que sigues enfermo pero aliviado, que te lavas la cara y continúas conduciendo, y la cura te llega hasta la siguiente indigestión de vacío, la siguiente curva cerrada. Es lo normal, la sintomatología típica que acompaña al no saber dónde estás.

Pero hoy no.

Hoy te siento cerca, explícame eso. Como si esta noche el mensaje no necesitase botella para escapar de la isla. Estás leyendo por encima de mi hombro, corrigiéndome las comas, alejándome el punto final. Hoy te ha crecido la crueldad de estar presente sin ensuciarme el edredón, sin tacto, sin sabor, sin sexo, como si ahora que me he mudado recorrieses la ciudad buscándome por los portales... 

Como si yo pudiera saberlo.


 


sábado, 17 de enero de 2015

Urgencias

Bordeando la locura en la sala de espera de urgencias, 
como si esto pudiera curarlo la cardiología, 
así estamos esta mañana. 
Batas blancas y bloc de notas, 
anotaciones rápidas, 
cundiendo el pánico ante la imagen 
de lo que te haría sobre la mesa de operaciones. 
Para eso no hace falta universidad, 
ni moribundos, 
sólo doctor e impaciente, 
elige el papel que prefieras. 

miércoles, 14 de enero de 2015

Canteras torácicas

Algunas noches me gustaría ser Hermann Hesse. Miento. Me gustaría serlo todo el tiempo. No me interesa el premio Nobel, de verdad, ni entrar en colecciones de ilustres del Círculo de Lectores, ni que me encuadernen en piel, excepto que sea ella quien lo haga. 

No, no es eso.  

Es por esa manera de volarse por dentro, como si el pecho fuera una cantera que da como resultado, tras la explosión, una exposición alineada de carbón, granito, o cualquier otra piedra horrenda, pero que, cuando alguien la mira desde fuera, le parece estar en el escaparate de una maldita joyería. 

¿Lo ves? Ni siquiera sé si me explico...

Así que cuando abro el portátil encima del colchón, cuando me apetece ser otro, pienso en cómo el cabrón de Hesse podría disfrazarle a ella los restos de mi voladura, colocar todos esos minerales en una fila etiquetada tras un cristal, y hacer que parezcan hermosos. De qué manera usaría esa especie de alquimia verbal para contarle que en realidad, cuando digo para siempre me basta con un segundo, que no tengo ni puta idea de cuánto puede durar esto, pero prefiero un salto al vacío con ella.

Que no es su cuerpo, 

es su rabia. 

Conspiranoia

Soy un conspiranoico,
no me creo que un solo tío se cargase a Kennedy,
la ausencia de estrellas en las fotos de la Luna
me hace sospechar,
y tampoco creo que fuese casualidad
que apareciesen tus pies a recoger las calles
cuando estaba cansado,

agotado,

harto,

de correr. 

martes, 13 de enero de 2015

mente insana

el sístole ventricular interrumpiendo el sueño,
las orquestas de sudor no correspondido,
el café solo
sin bragas por los tobillos cerca de Tribunal,
la ciudad des(p)ierta a cualquier desvarío,
menos el de este insomnio
que me enfría la cena improvisada y cerebral
de tu carne cruda.

las pausas entre versos de presente copulativo
que no dejan de joderme
cuando me da por pensar. 

el maldito universo conspirando
con su alquiler de besos de contrabando, de pubis 
de tequila sin sal,
por las barras de esos bares donde a veces
me afeito la tristeza a puerta gayola
cuando me viene tu recuerdo de frente,

cuando 
me da por tropezar con tus bordillos
y me dejo dientes, caries, mordiendo huesos prestados.

no preguntes por mi enfado, es natural,
en algo he de usar la saliva 
si tus muslos están cerrados a mis embestidas,
¿cómo dijiste?...

por salud mental.

Autoayuda

Y un día dejé de pelear, 
saqué mi cuerpo magullado de las trincheras, 
y, allí enfrente, 
todos los soldados del enemigo tenían mi rostro, 
mis ojos, 
mi terror, 
todos eran hijos de mi padre 
y habían crecido en el útero de mi madre. 

Dejamos caer los fusiles,
recogimos miembros amputados,
bebimos cerveza,
fumamos,
usamos el barro de las botas
para dejar rastro
y el frío de las manos  
para esconderlas bajo la falda de las enfermeras.

Ya no hay guerras civiles más allá de mis pulmones,
ni le vomito al espejo,
y si me da por temblar
siempre es por factores ambientales externos
que merecen la carne de gallina
en pucheros donde comerse la vida,

como,

por ejemplo, 

tu tormenta.





lunes, 12 de enero de 2015

Breve inventario con final viceversa

Entre el índice y el pulgar de la mano derecha tengo un arañazo, 
en la nevera, 
un par de secretos de cerdo, alabadas las metáforas, 
con una pinta excelente, 
cerveza, 
algo parecido al vinagre, 
y unas cuantas fotos de septiembre fijadas con imanes. 

Una es una estación vacía, 
muy gris,
otra un bosque encantado en que me perdí en busca de un claro, 
punto de reunión para las criaturas mágicas según el guía, 
y donde no apareciste, 
la garita de Herbeira, 
y un banco de madera con vistas,
al océano 
y al abismo. 

Fue un viaje interesante.

En la habitación un escritorio 
donde te desnudo a veces y practico contigo el sexo (in)consentido 
que acarrea penas más jodidas que la bendita cárcel, 
también una cama, dos mesillas, un frasco de arena del desierto,
los National Geographic, y tres carteles de cine.

Dos ojos en el espejo del baño rozando la miopía,
en el salón, un techo inclinado a casi cuarenta y cinco,
no sé cuántos libros que no he leído,
un cenicero hambriento de tus cenizas y, 
cuando vuelvo del trabajo,
también estoy yo.

Recorriéndolo todo,
tocando, 
escribiendo, 
cocinando,
limpiando el polvo,
follando con otras
a las que devora tu nombre postcoito,
mantis de tu propia religión.

Un ser con tendencia a la entropía y a necesitarte,
como todo ente biológico relativamente cuerdo.

El tipo que mira por las ventanas y sabe,
con tres cuartos de certeza, 
que toda esta mierda no es lo mismo,
que extraño 
cada maldita madrugada de tus miedos y mis vendas.






domingo, 11 de enero de 2015

Errores, nada más

Somos idiotas, 
todos. 
Cuando se trata de echar un polvo, 
en un instante somos Tarzán sin taparrabos, 
cuando se trata de follar, 
la ropa es un enfermo terminal. 
Viva la eutanasia. 

Pero cuando hay latidos 
que no sólo bombean sangre, 
si no tiras de papel arrancadas de la pared, 
somos unos cobardes. 

Como si yo no fuera a ser libre 
recontando los dedos de tus pies sobre un colchón caliente, 
como si fuéramos náufragos 
con muros de la vergüenza 
rodeando nuestra puta isla. 

Como si ser fuera un secreto.

Yo no quiero tus alas, 
te confundiste de razón. 
Equivocaste el mapa, 
como si no fuera capaz de soportar tu yo sin mí, 
que es el que me vuelve jodidamente loco. 
Como si un te quiero 
fuera un maldito anacronismo 
que encadena la vida 
a una sola habitación.

Sólo quería acompañarte, 
encenderle una vela a tus vacíos,
que me buscaras a la menor ocasión,
la exclusiva de tus miedos, 
de tu cama...

Te equivocaste de razón.

sábado, 10 de enero de 2015

Tratamientos de choque

He salido sin teléfono, ya sabes, para despejarme. Me había quedado dormido en el sofá, serían las cinco, y cuando he abierto los ojos ya era de noche. Odio la sensación de despertar a oscuras, la luz de la tele no cuenta, no es de verdad. Así que he necesitado salir, por lavarme esa sensación de tiempo que se escapa. Y afuera las calles me han parecido un decorado, los tipos que me cruzaba, extras de superproducción, disfrazados, maquillados, como si todo fuese de cartón y detrás de los muros no existiesen salones, ni dormitorios, ni cuartos de baño. Como en aquella peli del actor que me da náuseas, pero sin que yo fuese el protagonista, si no alguien que ha equivocado el plató de rodaje. 

Supongo que nada me parece de verdad si no estás, o simplemente es un hecho científico que algunas neuronas se me están desconectando. 

Ni siquiera se me ha ocurrido murmurar la palabra huída, por el simple hecho de que no la seguiría un contigo. 

Pronombres precedidos de preposición... puto idioma. 

Así que he ido al chino a reponer la reserva de cerveza y, de camino, he buscado en cada esquina las oportunidades perdidas. Ya no soy así, estoy en pleno deshielo, pero estamos en enero, joder, tengo derecho a un poco de nostalgia, y han cerrado el cine al que nunca llegamos a entrar. 

Debe de ser que todos se han enterado. 

He pasado de largo la biblioteca, el cajero y la panadería. Pero me ha dado por parar un segundo delante del sitio donde me tatué el hombro hace un año, tratando de encontrar el motivo, saber por qué no me dolías tanto si tampoco estabas. Me empapé aquella noche, ¿sabes? Diluviaba al salir, me dolía el brazo, estaba congelado, y tuve que buscar una puta farmacia de guardia para comprar la pomada. Pero tú no me dolías... y tampoco estabas. 

No sé si es pena, algo de rencor, o que se me ha olvidado presionar el stop y llevo toda la tarde rebobinando. Te quiero, es cierto, pero no me haces falta para vivir... eso son cincuenta euros de psicólogo. 

Ahora, después de esta cerveza, pienso salir a cenarme cualquier lengua que me cuente que no tiene nada que ver contigo, y esté sostenida por un buen par de piernas. 

A no ser que hoy 
te dé por escucharte los ojos al espejo, 
y deje de necesitar tratamientos de choque.


rumores casi fundados

se rumorea que te aprietan los zapatos,
incluso me han llegado a decir que antes de nadar, 
sólo a veces,
tomas aire por mi boca y,
desde luego,
sigues sin olvidarte de guardar la ropa
en algún armario clandestino.

que el lunes dejo de fumar,
que me apuesto la cara en palabras sin cruz,
que soy zurdo, 
no tengo dedos,
y escupo en casi todos los credos de templos sin sujetador
colgado de tus pezones.

que de vez en cuando te asomas porque se congela tu mar, 
hace frío en los bolsillos

y me recuerdas.

cuentan que han encontrado tus huellas en el vaso del lavabo,
que no ordenaste al salir, que te dejaste 
un par de momentos junto al cepillo de dientes.

que tendrás que romperme el colchón para recuperarlos.

hay quien dice que domino el sexo tántrico,
que no he gastado tus teclas, has cambiado de champú
y releíste la carta y tres o cuatro poemas...

y,
ya casi en la leyenda,
hay quien roza la cordura y asegura,
sin motivo aparente,

que cuando te fuiste,
te vio comprar billete de ida y vuelta.

Yo, esta noche

El tipo de las tres cervezas que necesita gritar, 
ése 
soy yo esta noche. 
El de la boina gris, 
el de Lisboa, 
el de las sábanas negras de Ikea y dos almohadas en cama grande,
no me negarás la previsión,
para dormir más cómodo. 

Y una gata del color de la luna llena, 
ya ves, 
que no respeta las borracheras en singular,
que se empeña 
en ocupar tu lugar al oeste de la cama. 

El del incienso y el yoga para disimular,
y la psicóloga 
con vaso de agua y pañuelos de papel.

Siempre

todo

de papel.

El de la literatura en guasap,
el que no acepta la condena y alega ante el juez 
que te ha visto temblar más de una vez 
y decir no con los ojos vendados.

El de los hombros los ombligos los pies,
falso poeta y falso profeta,

el que,

a fin de cuentas,

te echa de menos, joder.






jueves, 8 de enero de 2015

Poema triste con escenario

Tengo mil comienzos, 
se me amontonan, 
como todas las hojas secas en la calle de la Reina 
al comenzar el otoño, 
cuando a nadie le ha dado aún por recogerlas,
ni caminar. 

Están todos ahí, 
solapándose, 
dejando ver fragmentos de los que tienen debajo. 

Por eso cada vez que empiezo 
acabo mezclándolos, 
barajándolos como un montón de naipes de instante, 
que nunca llego a repartir. 

Por eso 
creo que el principio, el de verdad, 
todavía no ha llegado. 
Yo que le puse fecha en agosto, 
con dos líneas de rotulador, 
o del rímel que no necesitabas. 

Ahora sé que aquel día 
sólo proyectaban los nombres de los actores en pantalla, 
en riguroso orden de aparición, 
y ahí siempre ganas tú. 


miércoles, 7 de enero de 2015

Tópicos de aeropuerto

Ahí va un tópico,
me obsesiona
una constelación de lunares bajo el vestido.

El tuyo, claro,
consecuencia del color del café de esta mañana.

Lo sé,
demasiado utilizado, pero joder
no tengo la culpa de mis alucinaciones.

El caso es que no se va.

Como ninguno de mis rituales,
acabo de tirar la basura con la mano izquierda,
como siempre,
de mirarme al espejo del ascensor antes de salir a la calle,
por si las ojeras,
por si cambiar de acera si me cruzaba contigo.

Odio la maldición de los condicionales...
aquí,
hasta a las diez y pico de enero 
por una calle vacía.

Lo siento, 
es lo que quería decir en realidad,
lo siento.
Sí, es absurdo,
pero me ha dado por pensar 
que mi derecho a quererte también desde lejos
puede hacerte algún daño,
y no tengo intención de dejar de hacerlo.

Porque es mío.

Y yo no soy culpable de que me convencieras
de que eres la hostia con bragas y sin ellas,
de que me dieses de respirar unas cuantas noches en vela,
y sí de que te hayas ido,
de no aceptar el olvido a plazos,
de dedicarte todos los libros,
los tópicos, los lunares, los ombligos,
los clítoris consentidos que a veces busco
para ponerles tu voz. 

La culpa es de los fracasos,
de la ONU y los derechos humanos 
a no dejarse perder.

De los teléfonos sin línea de metro hacia tu piso.

Así que me perdonarás los gritos,
que no cancele mis vuelos a otras bocas, pero siga,
de vez en cuando,
durmiendo en la sala de espera de tu aeropuerto.





lunes, 5 de enero de 2015

Un exabrupto

Guárdate el hielo en el otro bolsillo,
déjaselo al invierno de otros,  para mí
no te hace falta ningún abrigo,
tengo calefacción en el suelo de los pasillos,
no necesitas medias,
ni bragas de encaje,
me da asco el maquillaje, a mí
me sobran las máscaras, y la alta costura
sólo me sirve si cose un pasado
que enterrar.

Yo pongo el nicho, las flores
te las cambio por el cigarro de después,
por los tambores de guerra
empapando de verdad
ese desfiladero que me pide a gritos la vida 
entre tus piernas. 

Teleobjetivos

Deshacerte los pies de barro,
que caigas
en la rutina de desayunar desnuda,
de ensuciar la mesa,

la mía,

claro.

Hoy me he despertado ambicioso.

domingo, 4 de enero de 2015

Venganza

Si al menos supiera clamar venganza,
si al menos
pudiese subtitular el título 
con un par de paréntesis de odio.

Si me saliese una trama de sopa fría 
en lugar de jugar a repetir fonemas, 
en lugar
de sentarme con dos velas encendidas
junto a una lata de coca con tu nombre.

Si olvidase el sacrilegio de adorar objetos memorables,
pero muertos,
si al menos
me reuniese con tu sombra 
a trazar el plan para hacerte daño,

abrirte las heridas,

salarlas con sal...

Si pudiera imaginar tus ojos vacíos, en lugar
de recordarlos entornados aquella madrugada, 
buscando una salida
casi dormida de sueños.

Si olvidase al menos tu forma de caminar
entre mi basura,
tu orgullo de animal,
tus cuadrículas de agenda para la vida,

si pudiera

dejar de desearte en prosa 
y follarte en verso a escondidas,
y me crecieran las ganas de no saber donde estás,

si vaciara las estanterías de tus polvos programados
sólo con hacerte sangre.

Si al menos 

supiera clamar venganza,

si tuviera sicarios del olvido,

si pudiese parecer un accidente...


viernes, 2 de enero de 2015

La respuesta

Siempre que me preguntan por qué,  por qué ella y no otra,  por qué me empeño en gritar más alto que nadie y en seguir describiéndola después de un libro entero, por qué, después de todo, sigo odiando los safaris de local y ron con lima... siempre que lo hacen... les digo que soy un converso del amor a primera hostia.

Pero del de verdad.

Hace años que me dejé los cuentos de hadas borrachos en el césped de Moncloa, se me murieron de frío, durmiendo en el coche, en la curva del Parque del Oeste justo antes de las putas. Los enterré en Madrid con aguacero y sin Vallejo todavía. Y ahora, mis princesas siguen siendo rubias, pero ella, además, lleva un arma cargada de preguntas y miedos y cicatrices. Y a veces yo tengo la respuesta. 

Y aunque yo no sea su él, y pueda acabar siendo un príncipe lisiado de lágrima fácil, adicto a las cervezas de reparar el mundo y a los rones de que se joda, propenso a las vomitonas verbales sobre las servilletas, aunque me esté quedando calvo y ni a los dieciocho mi querida Audrey se hubiese apuntado a venir a la cama conmigo... 

A pesar de todo eso... de que me da miedo abrir los ojos bajo el agua y ella sabe bucear, de que las calles que no pisa conmigo me arden y ahora son todas, me vais a permitir que tenga la indecencia de plantarme delante de vosotros y seguir recitándole mis jodidos poemas. 

Porque soy un converso del amor a primera hostia y no tengo vergüenza, ni más respeto a la verdad que deseo a todas sus mierdas. Porque prefiero acostarme abrazado a la sombra de una muñeca cosida, a hundirme en las historias de domingo en el salón. 

Porque,

de verdad,

no sé usar más que las palabras. 

Porque creo que necesitas saberlo

No es tarde. 

Aunque parezca que todo el hielo de tus copas amanece sobre los coches 
y creas que nunca más habrá sudor 
ni carne sin sujetador en el asiento de atrás, 
aunque las palabras se te ahoguen en los pulmones 
y se mueran en vez de gritar.

Aunque casi nunca quede espacio
y las páginas estén en blanco…

Sólo porque las páginas están en blanco 

puedo empañar los cristales de tu habitación,
construir un nido entre tus piernas 
con las ramas secas de cada uno de tus fracasos.

Puedo, 

incluso,

olvidarme de las metáforas y los adjetivos de gala,
dejar de maquillar el deseo a polvos sin base
y desmaquillarte a duchas calientes,
                                                     que es lo que me apetece.

Lo que me apetece… 

arrancarte una noche de tu calle con premeditación
y que le jodan a la universidad
y a tus padres,
a tu distancia y a ti,
y al futuro ese que se descojona cuando te ve llorar,

y a mí
          esperarte.

No se te ocurra decirme que es tarde.

jueves, 1 de enero de 2015

Uno de enero a las diez

Soñar contigo y despertar a traición,
hacer malabarismos histéricos con los ojos
para mantenerlos cerrados 
y sujetarte.

Bonita forma de empezar el año.

La pregunta es por qué ahora... 
¿Es porque tengo frío?
¿Porque duermo con los pies helados, a pesar del nórdico nuevo,
buscando los tuyos?

¿O quizá te has enterado
de que tus heridas se parecen a los mordiscos de mi gata
y nunca se me infectan?

Pero ella

muerde jugando y duerme aquí.

Podríamos buscar explicaciones esotéricas,
cartas astrales 
en lugar del uno y medio de corazones
o tu baraja trucada con cuatro damas de picas.
Por desgracia
mi bruja se toma muy en serio lo de descansar en Año Nuevo.

Así que te lo pregunto aquí...

¿Por qué llegas a escondidas?





Química externa

La primera noche del año me arropo y me da por abrir de nuevo a Benedetti. No existe una razón. Bueno... supongo que existe pero soy incapaz de identificarla. El problema es que no puedo pasar de la tercera página, y la ropa tendida en mi habitación huele a detergente, y ese uruguayo cabrón me ha dejado pensando en tres poemas con qué lavarás la tuya. 

Cuando hemos estado cerca me centraba en el olor de tu piel, me encanta que no lo escondas a la sombra de un perfume, igual que me gusta que te arregles el pelo en casa, y las peluquerías sean un escollo que salvar, como los dentistas.

Lo que ocurre es que ahora sólo pienso en tus vestidos, en tus vaqueros, tus camisetas, en el resultado de la suma de su olor sobre el tuyo, en tu lavadora, en dónde tiendes... como si fuera un acontecimiento que celebrar. 

Y no sé si es exagerado. 

No sé si debería estar dormido, o escribiendo acerca de tu cuerpo, desmenuzándolo entre palabras, si debería apagar la luz y tratar de encontrar el momento para decirte que te echo de menos, en lugar de andar perdido entre marcas de suavizante buscando cuál te quedaría mejor. 

He reducido el amor a química externa. 

Debo de estar agotado.
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