Soy un flashback.
Unas cangrejeras en un río que hoy se muere,
por si las piedras.
Un cuaderno de caligrafía,
Rubio,
sólo un poco más que tú,
al que hoy le hubiesen bastado dos letras.
Y los malos siempre del Vietcong.
Unos cuantos veranos en letra de imprenta,
y más tarde
las balas de verdad.
Moncloa y Parque del Oeste,
Argüelles...
terco Argüelles,
obstinado Argüelles,
puto Argüelles con su costumbre de regresar.
De vez en cuando bongos en Tribunal,
Dyc con coca,
tardes en Complutense.
Por el camino clavos, jirones y mudanzas,
las venas de la inocencia
abiertas en la bañera de un hostal.
Soy un jodido flashback en el segundo fotograma,
desubicado,
ajusticiado,
una silla eléctrica de ayer pintando un paso de cebra.
Manufacturo instantes,
reduzco los esguinces con cerveza,
bebo pezones marcados dentro de una camiseta.
¿Qué puedo hacer si dices que no eres mi casa?
¿Dónde duermo esta noche, joder?
¿Dónde coño deshago el equipaje,
si te empeñas
en que sea entre otras piernas
el siguiente repostaje?
Tengo un hueco justo al lado,
un pasaporte...
pierde de una puta vez el norte,
tropieza con mis bordillos,
llévame en los bolsillos,
prometo matarte de ruido
en la próxima sesión.
martes, 28 de julio de 2015
sábado, 25 de julio de 2015
Víspera de carretera
Nunca supe distinguir orillas de cunetas, por eso acabo tantas veces cubierto de barro, por eso nunca he terminado de aprender a nadar.
Por eso, sólo por eso, podías reírte cuando te contaba que soy incapaz de abrir los ojos debajo del agua.
Y Madrid es un acuario.
Y da la casualidad de que los respiradores de segunda mano tienen fugas cuando me dan oxígeno en los bares, y todas esas esquinas siguen estando ahí, como si las putas fueran ellas.
Por favor,
déjame en paz,
y de una vez,
hacer las maletas.
Por eso, sólo por eso, podías reírte cuando te contaba que soy incapaz de abrir los ojos debajo del agua.
Y Madrid es un acuario.
Y da la casualidad de que los respiradores de segunda mano tienen fugas cuando me dan oxígeno en los bares, y todas esas esquinas siguen estando ahí, como si las putas fueran ellas.
Por favor,
déjame en paz,
y de una vez,
hacer las maletas.
martes, 21 de julio de 2015
Preferencias o interferencias
El mar me gusta en otoño y al norte,
en invierno y al sur.
Tú,
en cambio...
a ti te prefiero en el reflejo de todos los escaparates,
en el del vidrio tierra mojada de las botellas,
en el de las barras,
preñadas de cazadores,
vacías de todos menos tú.
El mar me gusta roto contra las rocas,
escupiendo espuma,
esperma,
contra la pared.
A ti...
a ti te prefiero en la calma de después,
cuando aún buscas el aire
y yo te cambio las ganas de fumar
por liarme un boca a boca.
El mar me gusta en la orilla,
de tu sexo el fondo,
y de ti...
de ti entera...
me quedo con cada vagón de metro en que te mojas los labios
dos andenes antes de mi parada.
Déjate de estupideces,
no me cambies las aceras,
quédate,
conmigo,
en Madrid.
en invierno y al sur.
Tú,
en cambio...
a ti te prefiero en el reflejo de todos los escaparates,
en el del vidrio tierra mojada de las botellas,
en el de las barras,
preñadas de cazadores,
vacías de todos menos tú.
El mar me gusta roto contra las rocas,
escupiendo espuma,
esperma,
contra la pared.
A ti...
a ti te prefiero en la calma de después,
cuando aún buscas el aire
y yo te cambio las ganas de fumar
por liarme un boca a boca.
El mar me gusta en la orilla,
de tu sexo el fondo,
y de ti...
de ti entera...
me quedo con cada vagón de metro en que te mojas los labios
dos andenes antes de mi parada.
Déjate de estupideces,
no me cambies las aceras,
quédate,
conmigo,
en Madrid.
sábado, 18 de julio de 2015
espasmo creativo a plumatraición
los putos abrazos de despedida,
aparcados en batería,
sin estación
ni una maldita vía
que me devuelva el invierno,
¡hace tanto calor!
mecánicos del karma
con los monos engrasados,
las manos limpias de polución.
las manos,
las tuyas,
pasando frío en el bolsillo
del maldito chaquetón.
cumpleaños olvidados,
treinta y ocho
ya enterrados bajo tierra,
dedos alrededor del cuello,
miedo búsqueda viajes,
no saber qué coño haces
ni hasta dónde la revolución.
tierra,
cuánta jodida tierra.
¿y qué hacemos con la sangre?
supongo,
claro,
que al cajón.
tequila albino,
gorra gris,
¿dónde escondemos las lágrimas?
dámelas,
coño,
a mí,
que me deshago la espalda apoyado en la pared,
esperando.
¿esperando qué?
somniloquios ignorados a fuerza de singular,
y a veces,
si no queda más remedio,
contrabando de páginas
páginas
páginas
palabras...
putas como las de Benedetti,
caras como las de salón,
arcadas de palabras,
náuseas de palabras,
mareo de palabras,
marea
y luna dando el empujón,
el de siempre,
como nunca.
los porqués de los cuidados intensivos,
(por favor, no RCP),
haciendo cola en el baño,
los huevos de seguir vivos,
los amarillos
de marihuana fría
para posponer o conservar o salvarle la vida
al monóxido de esta ciudad,
que a veces no es nada
y a veces mía.
Madrid se me desmadeja
en cada kilómetro que te alejas,
en cada libro,
cada pelo escondido,
cada percha...
y yo inventando una oración,
como si fuera un vil cura
pagano de tu cintura,
en serio,
no me jodas con corduras,
quédate
siempre.
a traición.
aparcados en batería,
sin estación
ni una maldita vía
que me devuelva el invierno,
¡hace tanto calor!
mecánicos del karma
con los monos engrasados,
las manos limpias de polución.
las manos,
las tuyas,
pasando frío en el bolsillo
del maldito chaquetón.
cumpleaños olvidados,
treinta y ocho
ya enterrados bajo tierra,
dedos alrededor del cuello,
miedo búsqueda viajes,
no saber qué coño haces
ni hasta dónde la revolución.
tierra,
cuánta jodida tierra.
¿y qué hacemos con la sangre?
supongo,
claro,
que al cajón.
tequila albino,
gorra gris,
¿dónde escondemos las lágrimas?
dámelas,
coño,
a mí,
que me deshago la espalda apoyado en la pared,
esperando.
¿esperando qué?
somniloquios ignorados a fuerza de singular,
y a veces,
si no queda más remedio,
contrabando de páginas
páginas
páginas
palabras...
putas como las de Benedetti,
caras como las de salón,
arcadas de palabras,
náuseas de palabras,
mareo de palabras,
marea
y luna dando el empujón,
el de siempre,
como nunca.
los porqués de los cuidados intensivos,
(por favor, no RCP),
haciendo cola en el baño,
los huevos de seguir vivos,
los amarillos
de marihuana fría
para posponer o conservar o salvarle la vida
al monóxido de esta ciudad,
que a veces no es nada
y a veces mía.
Madrid se me desmadeja
en cada kilómetro que te alejas,
en cada libro,
cada pelo escondido,
cada percha...
y yo inventando una oración,
como si fuera un vil cura
pagano de tu cintura,
en serio,
no me jodas con corduras,
quédate
siempre.
a traición.
lunes, 13 de julio de 2015
Personal e intransferible
quizá,
sólo quizá,
pienses que me curo la soledad
a besos de despedida,
que la tormenta no es tuya
cuando regreso calado a casa,
la calle anda olvidada,
y la policía me pide los papeles de indigencia formal
por ojos de vagabundo.
que no es tu boca la que vuelvo a morder en el espejo del baño,
que no se me cae la piel porque puedes hacerme daño
y no quiero que lo sepas.
quizá,
sólo quizá,
no notes el milímetro de más en mis pupilas,
la arritmia sostenida,
la cerveza y la tinta china
con que anoche pasé la tarde
por ti.
quizá te haya convencido
de que no me matas de miedo,
de que soy un gran actor en vez de un payaso desnudo.
dime,
ahora,
cómo deshago este nudo
si sueño el suicidio entre tus piernas,
si prefiero tus heridas,
por primera vez,
a mi guarida,
si me has dejado verte.
quizá,
sólo quizá,
me pidas de verdad
motivos para quererte, estás loca...
sonrisa,
pan,
orgullo,
ombligo,
cristal,
¿te parece suficiente?
lluvia,
asfalto,
bisturí mental,
lágrima con la izquierda,
vida en cualquier parque,
la mía, por supuesto,
si quieres algo más
ya te contaré el resto.
quizá
de una maldita vez se nos olvide el ojalá,
y te convenzas,
joder,
de que no eres relicario de mis cenizas.
quizá,
sólo quizá,
te des cuenta de que me sobran los motivos
para beberte y vivirte,
para partirme la cara con tu pasado,
mudarme la sangre a tu costado
y quedarme a dormir.
sólo quizá,
pienses que me curo la soledad
a besos de despedida,
que la tormenta no es tuya
cuando regreso calado a casa,
la calle anda olvidada,
y la policía me pide los papeles de indigencia formal
por ojos de vagabundo.
que no es tu boca la que vuelvo a morder en el espejo del baño,
que no se me cae la piel porque puedes hacerme daño
y no quiero que lo sepas.
quizá,
sólo quizá,
no notes el milímetro de más en mis pupilas,
la arritmia sostenida,
la cerveza y la tinta china
con que anoche pasé la tarde
por ti.
quizá te haya convencido
de que no me matas de miedo,
de que soy un gran actor en vez de un payaso desnudo.
dime,
ahora,
cómo deshago este nudo
si sueño el suicidio entre tus piernas,
si prefiero tus heridas,
por primera vez,
a mi guarida,
si me has dejado verte.
quizá,
sólo quizá,
me pidas de verdad
motivos para quererte, estás loca...
sonrisa,
pan,
orgullo,
ombligo,
cristal,
¿te parece suficiente?
lluvia,
asfalto,
bisturí mental,
lágrima con la izquierda,
vida en cualquier parque,
la mía, por supuesto,
si quieres algo más
ya te contaré el resto.
quizá
de una maldita vez se nos olvide el ojalá,
y te convenzas,
joder,
de que no eres relicario de mis cenizas.
quizá,
sólo quizá,
te des cuenta de que me sobran los motivos
para beberte y vivirte,
para partirme la cara con tu pasado,
mudarme la sangre a tu costado
y quedarme a dormir.
miércoles, 8 de julio de 2015
El caos, sin calor, de una noche de verano
Necesito el dos de copas de tu baraja,
lo reclamé anoche,
cuando encontré ese vino blanco en el armario
y eran las dos.
Me lo bebí caliente,
o a veinticuatro coma tres con aire puesto,
doce grados menos de lo que pesaría
resbalando tu entrepierna.
Qué desperdicio...
Y todo para poder dormir.
Lo reclamé a voces,
me lo ha dicho un vecino en el ascensor.
Luego te lo pediría,
imagino,
con media docena de lágrimas,
hoy me faltan huevos en la nevera
y al fin me quedé dormido,
joder, no lo puedo recordar.
Necesito el dos de copas de tu baraja,
o todo el puto palo de espadas para cortar
el deseo de tu piel en mis paredes,
de tu reflejo en mi baño,
empapada,
claro,
y de esos sueños tuyos tan raros que fingía interpretar.
Necesito el desnudo integral de una partida nueva,
recorrerte el tapete
con la punta de la lengua,
tu cuerpo, tu mente,
cada pliegue de tu masa gris,
tu analítica caótica,
cada
jodido
pensamiento.
Coño...
soy un pésimo jugador,
de verdad,
dime
que no te apetece apostarte.
lo reclamé anoche,
cuando encontré ese vino blanco en el armario
y eran las dos.
Me lo bebí caliente,
o a veinticuatro coma tres con aire puesto,
doce grados menos de lo que pesaría
resbalando tu entrepierna.
Qué desperdicio...
Y todo para poder dormir.
Lo reclamé a voces,
me lo ha dicho un vecino en el ascensor.
Luego te lo pediría,
imagino,
con media docena de lágrimas,
hoy me faltan huevos en la nevera
y al fin me quedé dormido,
joder, no lo puedo recordar.
Necesito el dos de copas de tu baraja,
o todo el puto palo de espadas para cortar
el deseo de tu piel en mis paredes,
de tu reflejo en mi baño,
empapada,
claro,
y de esos sueños tuyos tan raros que fingía interpretar.
Necesito el desnudo integral de una partida nueva,
recorrerte el tapete
con la punta de la lengua,
tu cuerpo, tu mente,
cada pliegue de tu masa gris,
tu analítica caótica,
cada
jodido
pensamiento.
Coño...
soy un pésimo jugador,
de verdad,
dime
que no te apetece apostarte.
domingo, 5 de julio de 2015
Mil obscenas razones para odiarte. (Todas falsas.)
Odio ponerme cursi,
líquido,
incluso viscoelástico,
como una almohada que te envuelve el cuello,
o lo intenta,
cada noche,
para que no desvíes la mirada de mi dirección.
Eso es culpa tuya.
Y el regreso de los mensajes de las tres,
de madrugada,
cuando el asfalto de la eme cincuenta
no rellena los huecos que me esperan en casa,
pulso el micro del guasap,
y has tenido los cojones de dormirte.
Eso es motivo de odio.
Odio que crujas los huesos, coño,
y que encima me mires desafiante
como uno de esos acantilados gigantes
que niegan las playas a los náufragos.
Odio el "te jodes" implícito,
pero me encanta.
Y qué voy a decir de tu costumbre
de dibujarle fronteras a mi tragedia.
Con lo bien que estaba yo en el fango,
fresquito,
con algún polvo de estraperlo traficado en barras oscuras,
cagándome en todos los coles de curas
que, en su día,
me inculcaron cierta celestialidad al sufrimiento.
Que me gusto cuando sangro,
joder.
Y tú eres guapa,
y yo calvo,
y siempre vas con prisa,
y tu madre es un coñazo,
y las gatas muerden.
Te odio porque, a veces, tengo miedo de tocarte,
de que huyas a cualquier parte,
donde ya no quede yo.
Que lo sé,
que estamos en coma sentimental,
en arroba pornomental,
lo que quieras,
que no somos nada,
que le jodan al mañana
y todo eso,
pero tú me preguntaste
y no sé si son mil razones
pero pesan de cojones.
Que a ver cuándo,
de una maldita vez,
nos equivocamos
y me invitas a cenar.
sábado, 4 de julio de 2015
despertar de siesta si ni estás. (yo viviendo a 300 metros de la sala de estudio.)
existes en otro lugar.
quizá en la biblioteca,
dándote de hostias con todos esos exámenes
que quizá te provoquen
ahora,
esta tarde,
el sudor que deberías enjugarte
en las costuras nuevas de este colchón.
o quizá fuera cierto,
y alguna vez fue culpa mía,
y ya no suspendes nada,
excepto a mí,
a mis cuadernos,
y a mis putas ganas de seguirte el rastro,
de meter mi nariz en tus toallas
justo después
de secarte conmigo poscoito
los restos de todos tus miedos.
existes en otro lugar,
te he olido por las calles
como un perro.
quizá en la biblioteca,
dándote de hostias con todos esos exámenes
que quizá te provoquen
ahora,
esta tarde,
el sudor que deberías enjugarte
en las costuras nuevas de este colchón.
o quizá fuera cierto,
y alguna vez fue culpa mía,
y ya no suspendes nada,
excepto a mí,
a mis cuadernos,
y a mis putas ganas de seguirte el rastro,
de meter mi nariz en tus toallas
justo después
de secarte conmigo poscoito
los restos de todos tus miedos.
existes en otro lugar,
te he olido por las calles
como un perro.
miércoles, 1 de julio de 2015
La noche en que conocí a Lori Meyers
Camino.
Cuento los cigarrillos aplastados de las aceras,
uno a uno,
imagino
las bocas en las que se consumieron,
los pulmones
enfermos por aliento contaminado,
los labios
tercos.
SOY
uno de ellos.
Una colilla,
un cabezota,
un alveolo,
un cadáver por un beso,
un bronquio alquitranado por los presos
en el tejado,
una calada,
tuya,
a mediados de marzo.
Supongo
que también un yonqui del cariño
desde aquella noche en que el tuyo
me puso más que tu cuerpo,
o desde aquélla
en que conocí a Lori Meyers,
repartimos los papeles,
y estrellaste una cerveza contra el suelo.
Yo camino,
a veces,
le saco el polvo a los recuerdos
tras funeral de polvo paliativo,
y tú,
tú allí,
comunicando.
Cuento los cigarrillos aplastados de las aceras,
uno a uno,
imagino
las bocas en las que se consumieron,
los pulmones
enfermos por aliento contaminado,
los labios
tercos.
SOY
uno de ellos.
Una colilla,
un cabezota,
un alveolo,
un cadáver por un beso,
un bronquio alquitranado por los presos
en el tejado,
una calada,
tuya,
a mediados de marzo.
Supongo
que también un yonqui del cariño
desde aquella noche en que el tuyo
me puso más que tu cuerpo,
o desde aquélla
en que conocí a Lori Meyers,
repartimos los papeles,
y estrellaste una cerveza contra el suelo.
Yo camino,
a veces,
le saco el polvo a los recuerdos
tras funeral de polvo paliativo,
y tú,
tú allí,
comunicando.
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