No pude evitarlo,
de verdad.
En realidad fue culpa tuya,
o del sistema,
o de todos los que firmaron mi carnet de conductor suicida hacia tus piernas.
Pero fue más tuya.
De tus paréntesis en la arena...
del desierto,
de madrugada.
O de tu boca,
de tu espalda desnuda cubierta de morfina,
tratamiento agresivo contra mi vacío y mis dolores de cabeza.
También de los vagones contiguos equivocando el billete,
del andén la lluvia los tatuajes,
de mi tripa,
de mi psicóloga.
Pero fuiste más tú.
Tu amor en cuadrantes de rotulador de oficina
que yo necesitaba borrar de sudor contra tu sexo
en honor a la vida.
Tus tobillos,
tus huellas,
la cicatriz de necesitar de verdad que te falta,
y que no duele tanto.
Fue el artículo veinticuatro barra tres
de mi derecho a quererte.
Los miércoles,
los nudos en las gargantas,
el carnicero,
la zorra que te pone mala cara cuando te vende el billete de vuelta
hacia mí.
También yo al escribirte cien páginas.
Pero eso era respirar,
era miedo a la asfixia.
Fuiste más tú,
y tus ojos por mirarme detrás de las cortinas,
y tu piel por envolverte.
Me quedé sin frenos,
me costó tres costillas.
Fueron ellos pero,
sobre todo,
tú.
No sé si me explico.
Con la tecnología de Blogger.



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