Vosotros podéis decir lo que queráis, pero ando cogiéndole asco a Polanski porque llevo meses sin poder descargar "El quimérico inquilino", y bendita sea la propiedad intelectual, pero coño, es que se me olvida que lo tengo ahí buscando fuentes y de buenas a primeras el portátil me avisa de que ha encontrado una.
Así, por la espalda.
Me pasa como con ella. La vida se empeña en dejarme las cosas a medias y me las saca del olvido a base de ventanas pequeñitas en la esquina superior derecha de la pantalla. Esta mañana ha sido un trozo de papel cabrón cayéndose de la cartera y mirándome con arrogancia desde una acera de Madrid. Allí, tirado, mostrando sin una pizca de jodido decoro toda la pornografía mental que anoté a escondidas durante el trabajo un día que la echaba de menos hasta en la espina dorsal.
Me ocurre continuamente, es cierto.
A veces llega el siete de agosto después del seis, o la luna me pone los cuernos para irse con ella en una orgía creciente y yo me acuerdo de sus manos. O son unas caderas en la parada del autobús que me dan la espalda, y a mí se me revuelve el estómago hasta que no calculo la curvatura a distancia entornando los ojos y compruebo que me quedan demasiado pequeñas, que les falta ese milímetro de más que sólo cabía entre mis dedos... que no son de ella... que a la puta vida le sobra humor negro.
Es verdad, el amor a secas son notas clandestinas escritas con mala letra en el baño por si luego les crece un poema.
Luego.
Después.
Cuando el miércoles deje de ser una oficina y nos quedemos a solas tu playa y yo y mi salón y alguna que otra cerveza...
Al final tendré que comprar esa puta película.
viernes, 24 de octubre de 2014
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