viernes, 23 de junio de 2017

Pira

Dame una bandera,
regálame su mentira infinita,
la violencia 
que parasita lo exclusivo,
el alimento tenaz
de la barbarie.

Entrégame la ambición
por esa tierra 
en usufructo casual.

Y también la trinchera
y la arrogancia,
el orgullo de la tela
que nunca limpia su sangre.

Dame una bandera,

una de ellas, 

cualquiera,

y mira cómo arde.



A los ciegos vástagos del primer mundo

Lacayos de la estupidez,
seremos castigados
por vuestra servidumbre.
La condena será 
el vacío moral,

la pandemia

y la herrumbre.

El hombre como ser absurdo,
como rumor sucio y burdo,
como sombra
del pensamiento.

Sois esclavos.

Sois vasallos.

Postrados ante la falacia episcopal,
ante el martillo tosco 
del capital,
ante las pantallas.

Necesitáis los ojos
para comprender.

Seremos castigados
por vuestra servidumbre, 
la condena será la muerte
que despierta 
en la casa del otro.

Bendecid ya vuestra suerte,

sé que el precio,

siempre,

os sabe a poco.




Incorpóreo

Habito el reverso formidable
de un cráneo blanco.

No hay luz aquí,
en la profunda matriz
que me rodea.

De ordinario,
estoy solo
balbuceándole 
a mi gruesa placenta mental.

Mi cuerpo 
es una extremidad en decadencia,
una miscelánea orgánica.

Habito el reverso de un epílogo,
si no vais a acompañarme,
por favor,

guardad silencio.












martes, 6 de junio de 2017

Escribiente

Hoy,

martes,

mi casa es un enorme estómago
de gigante.

Ha ensanchado para contenerme
y afuera,
tras la ventana,
vive el reverso de la digestión.

No me concierne,
no formo parte de junio
ni de la incorrupción del alimento, hoy

martes.

Noto aquí el calor visceral,
aquí
sobre el sillón,

y las contracciones de sobremesa
y una bañera ácida
desorganizándome los pies.

Me deshago en nutrientes para otro,
seré
la mínima expresión de mi cuerpo
para quien lea, quizá,

o para nadie.

Qué sencillo 
ser digerido
por un enorme estómago de gigante
cualquier martes.

Qué vacío 

ser cagado

en un papel.














sábado, 3 de junio de 2017

A mi siglo en coma

Yo,
como contenedor orgánico de la ponzoña,
como ser en proceso de muerte cárnica,
decido
y manifiesto:

Erráis.

Yerran
vuestras mentes en vitrina,
tan saciadas de inoperancia,
y vuestra necesidad,
y vuestros ojos.

Seremos pasto de la mosca,

pero yo
la esperaré en silencio y recostado
tras la borrachera,

vosotros 

gritaréis ante el espejo.




Desde la cama

Un hombre escuálido,
de barba sideral,
con hechuras de desaliño,
me señala desde la balda tercera
de la estantería.

Te escondes, cabrón,
murmura,
su bisbiseo de culebra y poción
me tortura el tímpano.

Te condeno 
a la invidencia ajena,
al chaparrón a solas,
te condeno a la condena 
del cristal,

al hielo 

y la transparencia.

Te escondes, cabrón,
repite y susurra,
y su aliento apesta a corrupto,
a habitación,

a mierda 

y a usura.

Tiene boca de jurista,
de llevar tiempo tras mi pista
y las uñas de yeso
por rascar en mis paredes.

Me escondo, cabrón,

sí,

es así como sucede.











jueves, 1 de junio de 2017

In memoriam

Contadles que me conocisteis.

No dejéis que me aniquile
el polvo de la partida.

Decidles que fui,
que por la noche escribía
para esconderme del espanto,
que tuve ojos claros
y labios grises como de fantasma
cuando le nacieron las gárgolas
a cada azotea
de la ciudad.

Decidles la verdad,
que guardaba ya bajo las uñas

la tierra,

que caminaba encorvado,
que temía la oscuridad de los tejados. 

Decidles
que se me quebraron las sombras
aquella madrugada
que ya nadie nombra,

que tuve cuerpo, 
un par de gatos
y una leve cortesía de anfitrión
con la tristeza.

Contadles que me conocisteis.

No dejéis que me sepulte
el olvido mediocre 
de la intrascendencia.




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