Por esos mundos de Dios,
ateo yo,
encontré a una chica que llueve.
Llevaba un sombrero de paja y, ahora,
algunas noches,
leemos cuentos por si se duerme.
Tiene un gusanito amaestrado
en el centro de mi mente,
el muy cabrón
me descoloca los retablos
pintados por el diablo
de todos los cuerpos ausentes.
Y ella,
que es capaz al mismo tiempo
de reír y de llorar,
no sé hasta qué punto es consciente
de lo que me pone el cielo gris,
la lluvia,
y el olor de pelo empapado,
el suyo,
sobre el hombro más urgente.
Ella,
de momento,
recoge moras,
teje gorros de lana,
se asusta
con los sonidos y las arañas...
Y yo me tumbo y la espero.
Soy,
ya lo sabéis,
proscrito de los mañanas,
de quedarme con las ganas,
y de sobra,
muy de sobra,
paciente.
sábado, 29 de agosto de 2015
viernes, 28 de agosto de 2015
Queridos primus inter pares
Existen por esos bares
gentes de insulsos hocicos,
que, sin hacer malabares,
a fuerza de ser payasos,
son fugitivos de circo.
Venden sus quehaceres
por esas camas ajenas.
¡Creen en su gran talento!
¡En sus verbales venéreas!
Y consiguen,
lo lamento,
sacar del sueño mi pena.
Pena por mercaderes
de impostados alientos,
por vestirse de villanos
con el arte por las manos,
en trajes de media hostia
por rutas a barlovento.
Y lo cierto es que comparten
lecho y flores
de cráneos con cornamenta,
que me sacan los colores y unas risas,
perdonad,
en lugar de una tormenta.
¡Queridos artistas concretos!
¡Va un consejo de amigo!
Seguid raudos y embridados,
por favor,
vuestro camino.
¡Bajad sus bragas de saldo!
¡Pensaos un gran concertino!
Pero por todos los Santos...
dejadme en paz con mi tiempo,
que es precioso,
y sobre todo...
gentes de insulsos hocicos,
que, sin hacer malabares,
a fuerza de ser payasos,
son fugitivos de circo.
Venden sus quehaceres
por esas camas ajenas.
¡Creen en su gran talento!
¡En sus verbales venéreas!
Y consiguen,
lo lamento,
sacar del sueño mi pena.
Pena por mercaderes
de impostados alientos,
por vestirse de villanos
con el arte por las manos,
en trajes de media hostia
por rutas a barlovento.
Y lo cierto es que comparten
lecho y flores
de cráneos con cornamenta,
que me sacan los colores y unas risas,
perdonad,
en lugar de una tormenta.
¡Queridos artistas concretos!
¡Va un consejo de amigo!
Seguid raudos y embridados,
por favor,
vuestro camino.
¡Bajad sus bragas de saldo!
¡Pensaos un gran concertino!
Pero por todos los Santos...
dejadme en paz con mi tiempo,
que es precioso,
y sobre todo...
es mío.
miércoles, 26 de agosto de 2015
Aquella buhardilla sin la chica que se creía oscura
Descanso bajo un techo con tendencia
al descenso en las esquinas,
cierto grado de demencia y,
sobre todo,
un puñado de oscuras medicinas
contra esta terca y endogámica tristeza,
que cursa
con siete picos mellados de pereza,
y un puñado de minúsculas,
escuálidas famélicas anémicas,
tan putas sin propina,
incluso estúpidas
certezas.
Calculo en grados de rojo
la dosis de cerveza
para evitar tempestades
de verbos regulares,
de lenguas regulares,
de ejércitos de soldados jodidamente regulares,
de regularidad manifiesta.
Pulso
los interruptores que me apagan el tedio
y te colocan,
tan bonita y justo en medio
del salón.
Olvido las carreteras,
el caucho oscuro de las suelas de los cadáveres
de todas las camareras.
La gata
me caza diligente tres ratones de trapo,
muy cabrones,
que roían ilusiones
y a plazo fijo la locura.
Me los deja en el colchón.
Y yo recuerdo
un alemán un lobo una estepa,
una frase sobre el quicio de una puerta,
un "sólo para locos"
de neón.
La distancia es un espejismo,
si quieres
cruzo tu calle ahora mismo,
o me esperas
sentadita
en la estación.
al descenso en las esquinas,
cierto grado de demencia y,
sobre todo,
un puñado de oscuras medicinas
contra esta terca y endogámica tristeza,
que cursa
con siete picos mellados de pereza,
y un puñado de minúsculas,
escuálidas famélicas anémicas,
tan putas sin propina,
incluso estúpidas
certezas.
Calculo en grados de rojo
la dosis de cerveza
para evitar tempestades
de verbos regulares,
de lenguas regulares,
de ejércitos de soldados jodidamente regulares,
de regularidad manifiesta.
Pulso
los interruptores que me apagan el tedio
y te colocan,
tan bonita y justo en medio
del salón.
Olvido las carreteras,
el caucho oscuro de las suelas de los cadáveres
de todas las camareras.
La gata
me caza diligente tres ratones de trapo,
muy cabrones,
que roían ilusiones
y a plazo fijo la locura.
Me los deja en el colchón.
Y yo recuerdo
un alemán un lobo una estepa,
una frase sobre el quicio de una puerta,
un "sólo para locos"
de neón.
La distancia es un espejismo,
si quieres
cruzo tu calle ahora mismo,
o me esperas
sentadita
en la estación.
lunes, 17 de agosto de 2015
Hecesaridad
(Para Carlos, Diego y Jorge... en riguroso orden de aparición.)
Al final encontré bombas racimo
Al final encontré bombas racimo
lanzadas por esos bares
sin un solo poso de mimo.
Y un letrado coplista y blanquecino
que nos carga los oídos con un Primo
que dice amigo de Lorca,
y me condena
de vez en cuando la pena
a colgar exangüe de la horca.
Una mata de rizos con tonsura
que se apunta a nuestros garabatos,
y disimula con voz ronca la ternura
como un vil poeta... a ratos.
Y yo sacándome la vida del despacho,
tratando de cobrarme alguna pieza,
con clítoris, pezones por empacho,
y alguna que otra jodida cerveza.
Sin más oscuras intenciones
que la de seguir dedicándoles abrazos,
me voy a saltar algunos plazos
para decir, con dos cojones...
de vez en cuando se os quiere,
malditos
jodidos
cabrones.
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