Propongo el gobierno del más débil,
la ejecución pública de Darwin
y que dos tullidos
accionen la guillotina.
Un camión de nicotina
a los pulmones que no griten.
Alumbrar las calles con alzacuellos en llamas,
que allá se apañen las almas
en su libertinaje
celestial.
Propongo que un inmoral
reserve el billete del viaje.
La abolición del calendario,
la irrupción
de más de un sueño diario.
Exijo
mucho más que pan
para mis hijos.
La beatificación sumaria de las abuelas
que me desbordan los platos
porque, hijo,
bastante pasé en la guerra.
Exijo la pena de pena
al que se trague la nostalgia,
que no haya más Borbón en mi colmena,
que los cuerpos comestibles y vacíos
no prueben jamás la antropofagia.
Espero la revolución
de las lágrimas sin condón,
romperle el hímen a las estrellas,
que se ahoguen en salitre
los que desalojan al pueblo
del pupitre.
Propongo el gobierno del más débil,
vivir sin costuras,
el hombre
sin un resto de impostura,
y además,
que rompáis vuestros bozales,
que si somos animales
no va a ser en un rebaño.
Propongo hacerle daño, mucho daño,
a cualquier inquisidor de bacanales,
que recordéis, al fin,
lo que significaba la vida
mucho antes
de que esta reunión de maleantes
os hablaran de su dios y las facturas,
mucho antes
de que la dieran
por dormida.
martes, 12 de enero de 2016
lunes, 11 de enero de 2016
Arizona
Se metió dos rayas de speed
en el poyete de Arizona.
"Luis no necesita esto para pasarlo bien."
Su amiga sonreía y yo,
aburrido,
pensaba que igual no era tan mona.
en el poyete de Arizona.
"Luis no necesita esto para pasarlo bien."
Su amiga sonreía y yo,
aburrido,
pensaba que igual no era tan mona.
Ritual
Volveré a usar,
como siempre,
la barra de ese bar de rompeolas.
Volveré a usar,
como siempre,
cualquier partisana de falda corta
que prometa venirse al bosque
a esconderse con su boca,
y después,
perder la guerra.
Volveré, quizá,
a dar un paso atrás,
en el cruce de San Bernardo.
No me culpes del letargo, costurera,
se me atascó el "que te jodan"
y ahora,
levanto muros en tus fronteras
por si cualquier borrachera
me regase la demencia
de ir a buscarte.
Volveré a usar sus manos,
sus uñas,
sus soldados,
para empuñar la cizalla
que se rompa en mis cadenas.
Un daño colateral
en la espalda
de un inmundo general.
Mírame,
soy un agujero
en mitad de sus aceras,
un caballo enfermo en las carreras
que no te da por apostar.
Esta noche
volveré a usar la barra de ese bar
de rompeolas
y llegaré a casa empapado.
La maldita jaula me la cierra
este terco ritual
de asomarme sin parar
al otro lado.
como siempre,
la barra de ese bar de rompeolas.
Volveré a usar,
como siempre,
cualquier partisana de falda corta
que prometa venirse al bosque
a esconderse con su boca,
y después,
perder la guerra.
Volveré, quizá,
a dar un paso atrás,
en el cruce de San Bernardo.
No me culpes del letargo, costurera,
se me atascó el "que te jodan"
y ahora,
levanto muros en tus fronteras
por si cualquier borrachera
me regase la demencia
de ir a buscarte.
Volveré a usar sus manos,
sus uñas,
sus soldados,
para empuñar la cizalla
que se rompa en mis cadenas.
Un daño colateral
en la espalda
de un inmundo general.
Mírame,
soy un agujero
en mitad de sus aceras,
un caballo enfermo en las carreras
que no te da por apostar.
Esta noche
volveré a usar la barra de ese bar
de rompeolas
y llegaré a casa empapado.
La maldita jaula me la cierra
este terco ritual
de asomarme sin parar
al otro lado.
viernes, 8 de enero de 2016
Antioda a los oficinistas vitales
Oradores de la infamia,
moradores
de la inmunda caverna rutinaria,
habitantes
de las calles de los pasos
de las ratas ignorantes,
os gobierna la mente de un cretino,
¿qué esperáis
de vuestros perezosos
y estúpidos destinos?
¿Una vida tranquila,
agradable,
una hipoteca?
¿Es esa vuestra maloliente meta?
Aniquiláis la inteligencia
con un gramo de ese costo
de rutina pleistocena...
yo cazo,
tú cocinas,
¿dónde servimos la cena?
Y a la vida,
mientras tanto,
la cagáis
y tiráis de la cadena.
¡Se os ha olvidado temblar!
Y las preguntas,
y las tierras de ultramar,
y los ojos ajenos,
y los llantos sin frenos
ni razón.
Y la sangre.
¿Dónde servimos la sangre?
Ya no os acordáis ni del hambre
ni de los dedos...
tenéis miedo...
mucho miedo.
Pienso en los tugurios
y en Miles Davis babeando la trompeta,
pienso en un saxo tenor
y en un sexo mejor
en los suburbios
del alma que nunca pisáis.
Sois muertos de capilla andante,
y yo
os escondo la cara
porque no puedo soportar el mal olor
cuando cruzáis por delante.
moradores
de la inmunda caverna rutinaria,
habitantes
de las calles de los pasos
de las ratas ignorantes,
os gobierna la mente de un cretino,
¿qué esperáis
de vuestros perezosos
y estúpidos destinos?
¿Una vida tranquila,
agradable,
una hipoteca?
¿Es esa vuestra maloliente meta?
Aniquiláis la inteligencia
con un gramo de ese costo
de rutina pleistocena...
yo cazo,
tú cocinas,
¿dónde servimos la cena?
Y a la vida,
mientras tanto,
la cagáis
y tiráis de la cadena.
¡Se os ha olvidado temblar!
Y las preguntas,
y las tierras de ultramar,
y los ojos ajenos,
y los llantos sin frenos
ni razón.
Y la sangre.
¿Dónde servimos la sangre?
Ya no os acordáis ni del hambre
ni de los dedos...
tenéis miedo...
mucho miedo.
Pienso en los tugurios
y en Miles Davis babeando la trompeta,
pienso en un saxo tenor
y en un sexo mejor
en los suburbios
del alma que nunca pisáis.
Sois muertos de capilla andante,
y yo
os escondo la cara
porque no puedo soportar el mal olor
cuando cruzáis por delante.
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