He caído en la tentación de madrugar ante la ejecución inminente de mi pasado,
y allí,
sobre la cama deshecha,
he comenzado a inmolar la tragedia de senderos separados junto a un Lucky del cajón,
a un par de condones sin abrir encarcelando polvos mal curados,
y a una cerradura en Moncloa temblando de miedo
y repechos
y sumideros de instantes en los que apostarse la vida.
Esta noche,
contra el paredón,
buscaré tu llave en mi llavero.
Duele parirse de nuevo mirándose al espejo,
pero no me guardo rencor,
ni pienso borrar renglones
ni entrelíneas
ni páginas muertas.
Seguiré escribiendo esta mierda todas las madrugadas,
pero ya no estarás tú,
ni yo cuando tú estabas,
ni nos encontrarás en palabras donde ya no nos buscas.
Es mejor así.
Pero hasta la hora de los disparos voy a pasarme el día brindando por ti,
y por tu forma de anudarme el alma en cualquier rincón de cualquier cerveza,
por tus ojos peleando el sueño aparcados aquella noche,
por mi rendición total a tu piel
y a casi todo lo que nacía de tu boca,
mi impostura,
tu coche,
mi soledad,
mi jodida tormenta de necesidad de tu cuerpo,
por no haber podido borrar las dos letras de tu nombre,
tu condena a todas las historias por contar...
y por la puta vida.
Mañana,
al despertar,
habrá desaparecido nuestra primera edición de todas las bibliotecas,
se recogerá el cadáver de nuestras novelas por incomparecencia de los autores.
Mañana habrá tres días de luto por una función incompleta
y por las líneas de guión afónicas sin actores.
jueves, 25 de septiembre de 2014
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