lunes, 1 de septiembre de 2014

Melancolía en prosa

[Como consecuencia del golpe, el tuyo, y de tu facilidad para olvidarme sin que te suponga un problema, palabras que te robo, y dado que yo he tenido que buscar refugio en medio del bosque más frondoso que había visto en mi vida… hoy toca olvidar versos y subirse la bragueta.]


Hoy toca escribir melancolía en prosa, o más bien, una confesión de asesinato, desmembramiento, y enterramiento por partes, las tuyas, con el único propósito de alejarlas de mí y entre ellas, no vaya a ser que un día me dé por intentar reconstruirte. 

El libro tenía razón, 
nosotros teníamos razón, 
los árboles en Galicia cantan, y bailan, y se tocan, y hablan entre ellos, y lo hacen tan alto que atraviesan las paredes de piedra de esta casa. Por eso anoche tuve que salir de madrugada a la hora que era nuestra, y pedirles sitio para enterrar tu ombligo. Antes de señalarme la tierra me preguntaron por ti, les tuve que decir que no has podido venir entera.
Les he mentido, 
por eso me he muerto en el bosque que rodea Penaquente.

Tu pierna izquierda la he dejado junto a la pared sur de la Garita de Herbeira. Le gustará, no te preocupes demasiado, (¿por qué siempre vuelvo a tus palabras?). Me ha parecido un buen lugar, el viento es tan fuerte que he gritado tu nombre y no he podido escucharme. 
Al principio ha dolido bastante. 
Pero luego no. 
Hubiese sido la hostia verte caminando por una montaña tan mullida, tan como una alfombra de invierno, tan como tú. Hubiese sido la hostia que el viento, en lugar de cortarme la garganta para enmudecerme, te hubiese levantado el vestido para regalarme tu cuerpo. 
Nadie me ha visto, 
por eso me he muerto un poco más abajo 
contra las rocas.

En Os Aguillóns se ha quedado tu sexo, allí se cruzan un mar y un océano, dime que no he sido benévolo con el olvido. A la espalda tiene un faro encendido para que no se haga daño contra el acantilado si decide regresar de noche. Ya ves, incluso muriéndome a pedazos lo prefiero sobre mi cama y,
por supuesto, 
allí también he muerto. 

Y tus hombros 
y tu boca 
los he abandonado en una cala sin nombre con paredes de pizarra. 
Sólo me ha hecho falta apoyarlos junto a mis huellas, 
esta noche sube la marea. 

Tengo tres días más para desmembrarte. 

Para quedarse en este lugar hay que estar muy en paz o muy en guerra.

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