lunes, 28 de junio de 2021

Nota famélica

 Salud, Madrid,

útero infértil,

despliegue de soledad,

madre de hijos grotescos.


Me refugio en tus tripas

de ti.


Tu alacena contiene

cadáveres como alimento,

la leche blanca de lo enfermo.


Te camino,


te rezo,


te alejo.

Nota sabatina

 Pesan

como un bosque tras la tala

las memorias que conservo,

la ropa consumida,

la estancia ventilada.


Amanezco

liberado tras el vaso de la rabia,


y pesan

las velas que recojo ya en el puerto,

ser desnudo,

viajero con el filo al descubierto,

jinete incapaz

a lomos del potro del tiempo.


Pesan.


Goleta recia,

velas de cuchillo,

garganta,

que ya llego.

Nota sabatina segunda. Ligeramente Benedettiana.

 Se esconden,

putas tras las cortinas,

las palabras.


Me niegan

el sustento la muerte la savia.


Yacen

en el salón sus restos

su saliva sus bragas

el odio,


por el suelo,


por las tablas.

Breve nota en octosílabo libre para Aleatorio Bar y el reencuentro con amigos. A pesar de la tormenta.

 Y me desagua la vida

en los tercios frecuentados,

y en esos bares de siempre,

y en esas bocas de mármol.


Y me desagua la vida

y se me aligera el fardo,

que la espalda va mordida,

que el camino queda largo


y que hace falta la pausa

para matar el letargo,

que aproveché de tus mesas

para valer lo que valgo.

Nota casual

En el viaje, siempre

la barriga preñada,

la pérdida,

el rito,

el agua.


Siempre

la barriga enlutada,

la luz,

la estirpe,

la nada. 

Nota iracunda a lo ausente de Madrid

 Ciudad abrupta,

cloaca que me desciende

enfangada como el tiempo,

te aguardo desnudo,

minúsculo.


¿Dónde están

tu leche, el calostro

de mi escalera?


¿Dónde está tu promesa,

ramera gris que me cobra

monedas de la garganta?

Nocturno primero

 Se agita la cabeza,

se encomienda

al límite de la tibia cruzada,

al borde

del barbecho que me guarda.


Larguémonos

con un grito de exilio,

himeneo de lo nuestro,


acogida,


amparo,


techo de paja

donde cale al fin

la lluvia.

Nocturno segundo

 Manuscritos los pies,

embarradas las uñas,

discurro

la ciénaga donde orináis,

arcángeles de la escoria.


Me oculto vecino

en vuestras calles.


Si no fuera

por su mano recta,

su esquina mellada,

su tacto su hoguera,


dormiría.

Nota necesaria

Duda a ratos que pudiera

darle un tajo a la raíz

que me sostiene la tierra,

que sus pies son la guadaña

y me acuchillan la siega,

que su cuerpo la pared,

que allá afuera la tormenta.


Duda extraña,

niña escueta,

si pudiera describir

la edad que mató tu espera. 

Nota resurrecta

 Estibador añejo

derrocho mi carga.


Ya tumbé

al niño en el retrete,

ya asumí los nudos,

ya bebí el alcohol

de las cañerías,

ya me yergo,

ya me curvo,

ya te he muerto

arcano de la miseria.


Catedral de carne, ya dejé

la puerta abierta.


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