Hoy he llorado recordando el esmalte de tus uñas... ya ves, he sentido un arañazo en el recuerdo mientras veía una serie de televisión ridícula, y me han salido cinco lágrimas como de una arcada. Ya sabes que la pena siempre me sale impar... como la nostalgia y la suma de nosotros.
Y lo que he hecho es abrirme otra cerveza y encender un cigarrillo y un incienso nuevo en el altar de tus dedos aquella tarde. Es posible que aquel libro ande dormido en un cajón... primera edición de un euro rescatada de entre una tormenta de páginas... Madrid... Retiro... un bolso goteando esperanza, y urgencia sin disimulo...
Tienes razón, lo rodeo todo de destino igual que tú te vistes ese impermeable contra mis instantes.
Y mis palabras.
En un ejercicio fuera de programación, he desenfundado el revólver cargado de renglones que había olvidado en el costado, he agujereado la pared a puntos suspensivos... como antes, como la tarde en que tus uñas eran tan rojas como la sangre de mi espalda, y había dos pintas y tres rubias, y nos rozábamos, y nos reíamos... y éramos...
Y fuimos.
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