martes, 15 de septiembre de 2015

15 de septiembre

Vuelve a llover en Madrid,
y las bocas saben 
a calada recién parida de pasado mañana.

Y al regreso de Turquía,
Peri Rossi,
en cualquier café 
o en un asiento plegable de vagón de tren,
me enseña 
cómo se escribe la vida
saltándose cada punto y coma profundo.

Vuelve a llover en Madrid,

y camino.

Y vuelvo 
a dormir en el sofá de algún amigo
si la noche, 
o el cemento de las calles,
le colocan algún reproche
a los horarios,

y además,

me quedo en esta jodida ciudad,
porque ganaría cualquier concurso de camisetas mojadas,
porque cobra demasiado y casi nunca pone la cama,
porque el otoño le sienta tan bien
como quitarse el velo 
a una recién casada, porque

estás.

Vuelve a llover en Madrid,
y a todas esas oficinas les gotea la nariz,
tiemblan,
cierran las ventanas,
y nos dejan,
a ti y a mí,
solitos con los libros de la calle de La Palma.

Vuelve a llover en Madrid...

coño,

ya había ganas.









miércoles, 9 de septiembre de 2015

Por una cabeza

A veces se pone vestidos de niña,
y usa el vuelo para esconder un puñado de hematomas, 
justo bajo las costillas,
que a ratos, 
por las noches, 
me la quieren bajar del tren.

A veces
se viste con voz de niña cuando despierta,
y joder...
me saca de quicio todas las puertas, que yo,
ilustre habitante de estercoleros,
viajante de comercio de bisagras sin encuadre,
cerraba a patadas de rabia,

hasta ayer.

A veces es una niña con miedo,
y yo improviso 
un torniquete cruzando sus dedos para evitar la hemorragia.
Me invento un botiquín plagado de pastillas
y busco un puñado de gasas para limpiar las heridas
de toda esa puta nostalgia.

A veces, 
cuando se fuma el último piti en el baño,
sé que puede hacerme daño si le da por no volver,
si se muda a otra ciudad 
con sus pelis en vose alternativas,
con sus cartas sin sellar y boca arriba,
con su trenza negro oscuro,

su pelvis,

su pubis...

su todo 
lo que este extraño pasajero,
este infame servidor,
se empeña cada día en romper en su colchón.

Esta noche baila lejos...
no importa, 
se ríe conmigo de los depredadores 
que equivocan barras por comedores.

Señores...

mensajería instantánea para dedicarme poemas,
mientras vosotros 
afiláis fonemas 

de caballo 

perdedor.














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