Sacude el alquitrán de la camisa,
cabello en polvo de lo sucedido,
y quiere ser otro.
Se viste de marquesina
para veros pasar
derechos
como el dedo que marca.
Y ve las barbas y los vestidos
desde su apariencia,
hace bailar entre los dedos
un puñado de monedas,
mago de la mediocridad,
observa
con la consciencia del todo
bolsas gruesas de supermercado,
colillas mudas
en bocas mudas.
Se arroja a su butaca,
suicida,
y mira.
Mira.
Mira.
domingo, 30 de junio de 2019
Nota 9
Nunca llegamos a ver
"Cabeza borradora"
ni a escribir juntos
más allá de la historia
ni a arroparnos
con la ceniza.
Nunca pude ser
otra cosa que el émbolo,
pinchazo de frustración,
que acarrea la resaca.
Solo,
furtivo
como esta calada oculta
de la boca que ya no fuma,
brindo por otro hoy
y por ti
a las afueras de tu cárcel.
"Cabeza borradora"
ni a escribir juntos
más allá de la historia
ni a arroparnos
con la ceniza.
Nunca pude ser
otra cosa que el émbolo,
pinchazo de frustración,
que acarrea la resaca.
Solo,
furtivo
como esta calada oculta
de la boca que ya no fuma,
brindo por otro hoy
y por ti
a las afueras de tu cárcel.
Nota 8
¿Has escuchado venir a la muerte?
Haciendo cabriolas como un bufón,
estrellando los vasos,
agitando sonriente sus cascabeles.
Se viste de colores, la muerte,
cuando viene de visita
y el rojo, el morado, el verde,
un nicho arcoíris,
es tu lecho en noches de fiesta.
Haciendo cabriolas como un bufón,
estrellando los vasos,
agitando sonriente sus cascabeles.
Se viste de colores, la muerte,
cuando viene de visita
y el rojo, el morado, el verde,
un nicho arcoíris,
es tu lecho en noches de fiesta.
Recital
Con voz de tundra,
constancia rotunda,
nos aniquila el verbo.
Cómo podremos hablar,
mártires del paladar,
tras semejante exacerbo.
Poeta de voz pausada,
en la cúspide de la nada,
se arrastra entre la maleza
mirando hacia el infinito,
el rostro firme y contrito...
Madre de Dios
qué pereza.
constancia rotunda,
nos aniquila el verbo.
Cómo podremos hablar,
mártires del paladar,
tras semejante exacerbo.
Poeta de voz pausada,
en la cúspide de la nada,
se arrastra entre la maleza
mirando hacia el infinito,
el rostro firme y contrito...
Madre de Dios
qué pereza.
Nota 7
Escarba con sus manitas,
qué pequeñas las uñas
enterradas en mi mesencéfalo.
Hermosas hojas afiladas,
navaja del bandido que me puebla.
No puedo dormir.
Brillante ser de insistencia.
No me deja dormir.
qué pequeñas las uñas
enterradas en mi mesencéfalo.
Hermosas hojas afiladas,
navaja del bandido que me puebla.
No puedo dormir.
Brillante ser de insistencia.
No me deja dormir.
Poesía en red de arrastre
Garrapatea,
qué cosa tan fea,
un dulce poema.
Le sale la flema.
Y llora en delirio,
prestadle un colirio,
que tosa el fonema.
El folio blasfema.
A veces moquea,
tal cual Melibea,
menudo problema.
Curadle el eczema.
Se siente orgulloso,
impostor clamoroso,
cambiemos de tema.
Sacadme el enema.
qué cosa tan fea,
un dulce poema.
Le sale la flema.
Y llora en delirio,
prestadle un colirio,
que tosa el fonema.
El folio blasfema.
A veces moquea,
tal cual Melibea,
menudo problema.
Curadle el eczema.
Se siente orgulloso,
impostor clamoroso,
cambiemos de tema.
Sacadme el enema.
Nota 6
Aquello que observas, chiquilla,
no son más que escombros,
el aleteo moribundo
de un puñado de fracasos.
Atrévete a mirarme
o camina.
no son más que escombros,
el aleteo moribundo
de un puñado de fracasos.
Atrévete a mirarme
o camina.
Nota 5
Virutas de nieve,
en un descenso espiral,
se acomodan en mis sillones.
Exigen la proyección
de un puñado de capítulos ya vistos,
agitan sus refrescos,
arrojan las palomitas contra el televisor.
No debería estar solo
con esta jauría rebelde,
volveré a perderme
como aquella primera noche
que conduje hacia el norte.
en un descenso espiral,
se acomodan en mis sillones.
Exigen la proyección
de un puñado de capítulos ya vistos,
agitan sus refrescos,
arrojan las palomitas contra el televisor.
No debería estar solo
con esta jauría rebelde,
volveré a perderme
como aquella primera noche
que conduje hacia el norte.
Política
Hay lobos en este bosque
tiznados de gris
y la ciudad los desconoce.
Se sientan a las afueras,
guardianes de su linde
dormitan
y las avenidas
lo desconocen.
Demolerán mañana
las iglesias de los crédulos
cuando empiecen
a soplar.
tiznados de gris
y la ciudad los desconoce.
Se sientan a las afueras,
guardianes de su linde
dormitan
y las avenidas
lo desconocen.
Demolerán mañana
las iglesias de los crédulos
cuando empiecen
a soplar.
Nota 4
La última vez que quise
enraizaba la hiedra en mis cimientos,
el tiempo era verde,
formaba alineado el invierno.
Y yo despertaba
engalanado para el duelo,
las calles eran anchas,
los pechos de cemento,
la sangre en los cuarteles
esperaba.
La palabra fue el sustento
la última vez que quise,
tan extraño,
tan ajeno.
enraizaba la hiedra en mis cimientos,
el tiempo era verde,
formaba alineado el invierno.
Y yo despertaba
engalanado para el duelo,
las calles eran anchas,
los pechos de cemento,
la sangre en los cuarteles
esperaba.
La palabra fue el sustento
la última vez que quise,
tan extraño,
tan ajeno.
Nota 3
¿Qué son
los dedos que me tocan?
Epidermis
carente de camino.
No se llagan los pies
en la penumbra
del accidente,
habrías de quedarte,
dormir en el sillón amargo
de lo sucedido.
los dedos que me tocan?
Epidermis
carente de camino.
No se llagan los pies
en la penumbra
del accidente,
habrías de quedarte,
dormir en el sillón amargo
de lo sucedido.
Nota 2
Estarás
allá donde no te percibo.
Dueña de tu espalda,
protectora del recuerdo esquivo.
Estarás
allá donde yo no sea,
entre el polvo injusto del olvido.
allá donde no te percibo.
Dueña de tu espalda,
protectora del recuerdo esquivo.
Estarás
allá donde yo no sea,
entre el polvo injusto del olvido.
Estancia
Hay silencio aquí,
en el páramo que me circunda.
No escucho más
que las ramas de ese almendro,
estructuras del aire,
inapreciable lamento.
¿Quién se atreve
a moldearme con las manos?
No hay Dios aquí,
en el salón de lo que creo,
no se sienta en el peldaño
más que el mármol
que lo compone.
en el páramo que me circunda.
No escucho más
que las ramas de ese almendro,
estructuras del aire,
inapreciable lamento.
¿Quién se atreve
a moldearme con las manos?
No hay Dios aquí,
en el salón de lo que creo,
no se sienta en el peldaño
más que el mármol
que lo compone.
Alacena
Faraón en la intemperie,
escucho desde mi asiento
ladridos en la encía de las bocas,
escalafones,
heridas minúsculas que se arrastran
entre los cuerpos.
No quiero entrar.
No me vistáis
en la alcoba de lo cotidiano,
no me contienen los cajones blancos
de vuestras alacenas,
agitadas,
atestadas de alimentos.
No estaré en el baile
ni en el grano
sino aquí,
abrazado a mis cojines,
esperando.
escucho desde mi asiento
ladridos en la encía de las bocas,
escalafones,
heridas minúsculas que se arrastran
entre los cuerpos.
No quiero entrar.
No me vistáis
en la alcoba de lo cotidiano,
no me contienen los cajones blancos
de vuestras alacenas,
agitadas,
atestadas de alimentos.
No estaré en el baile
ni en el grano
sino aquí,
abrazado a mis cojines,
esperando.
Nota 1
Las calles etéreas
son un pergamino que se extiende
ecuánime, juzgando mi culpa,
sagaz bajo la vergüenza.
Quisiera ser.
Quisiera ser un cuerpo mineral e inmóvil,
espectador en la quietud
de la inapetencia.
Pero soy.
Tomo el organismo de la borrasca
y soy.
Inamovible en mis lascas,
pecado que adquiere movimiento
en la existencia.
No hay cuchilla
que pueda borrarme.
A los ávidos e intrigantes filántropos de suburbio.
Flota un cadáver
en ese mar nuestro,
¿qué haces tú?
Una leve convulsión,
quizá,
un paso quedo,
momentáneo,
camino del bar.
¿Qué haces tú?
Emperatriz del monólogo del compromiso,
galán de la justicia
universal.
¿No te asedian
los muertos que desconoces
al pie de la cama?
¿En qué inviertes
el después de tus proclamas?
¿Qué haces tú
en tu habitación cerrada?
Duermes,
Ángel de la Desidia, duermes
como todos nosotros.
en ese mar nuestro,
¿qué haces tú?
Una leve convulsión,
quizá,
un paso quedo,
momentáneo,
camino del bar.
¿Qué haces tú?
Emperatriz del monólogo del compromiso,
galán de la justicia
universal.
¿No te asedian
los muertos que desconoces
al pie de la cama?
¿En qué inviertes
el después de tus proclamas?
¿Qué haces tú
en tu habitación cerrada?
Duermes,
Ángel de la Desidia, duermes
como todos nosotros.
domingo, 2 de junio de 2019
Heroína
Esa mujer,
miradla,
camina apoyada a las paredes
por el miedo a lo oscuro de la espalda.
Se mueve lenta,
espaciada.
Se le melló el puñal en la última trifulca,
en el puchero ingrato
de la madrugada.
Miradla.
Una detonación de lana
le voló los pies, pero miradla
apoyada a las paredes
por el miedo oscuro de la espalda,
ella camina.
Miradla.
miradla,
camina apoyada a las paredes
por el miedo a lo oscuro de la espalda.
Se mueve lenta,
espaciada.
Se le melló el puñal en la última trifulca,
en el puchero ingrato
de la madrugada.
Miradla.
Una detonación de lana
le voló los pies, pero miradla
apoyada a las paredes
por el miedo oscuro de la espalda,
ella camina.
Miradla.
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