Noches para escribir
entre la eyaculación y la plegaria, noches
a los pies de un altar sin tus tobillos.
No supero el ateísmo contrastado
si huele a incienso en tus caderas, si desciendes
a mi tierra en cada anuncio de condones,
de compresas, para reírte conmigo.
Noches de boda, sin tele,
cruzando en brazos tu sombra por el quicio desquiciado
de mi puerta, desnudando
el recuerdo de hacer lo que haces,
que ya no haces pero persigo
con cada recodo de piel
con el que sello algunas cartas al destino. Noches
de tirar la basura muerto de frío.
De amor desenfocado, de sexo en diminutivo,
de pronombres separados en dos bolsillos sin sal,
de un cigarro tras otro,
de mil libros.
Las bocas durmiendo entre cartones,
no hablar,
silencio,
los clítoris en los cajones, y aquellas cerraduras
abiertas sólo por tus 24 años de sutura, que ahora guardan
un par de polvos de clausura que no me dan de cenar.
Noches de febrero menos nueve días,
de año miope y no bisiesto,
noches para guardarse el resto, noches
como esta.
miércoles, 21 de enero de 2015
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