Podría seguirte
hasta el verde fresco de la muerte,
ocultarme
del estruendo cálido de lo visible,
ignorar tu nombre
acodado en el bar de los de siempre.
Podría empuñar Madrid tu ausencia
que yo la atajaría con el recuerdo,
daga corta que separa
de un tajo la carne insolente
sobre las costillas.
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