Oh, fuente de bambú,
retazo de oriente,
continua y poliédrica,
barata...
Me diriges hacia la meditación
entre las paredes de mi piso
alquilado y nefasto,
occidental,
caucásico.
Trato de protegerte, lo juro,
de los picos de tensión,
del óxido,
pero he de confesar,
acuático demiurgo, que yo,
viajero indigno,
te cambio a menudo
por la borrachera.
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