Tango de la oscuridad,
monaguillo fiel de la liturgia del tiempo,
te espero.
Aletargado, te espero,
con la alerta suspendida
en el éxtasis del vacío,
en las barras que amortiguan el fracaso,
en la charla vana
de los otros.
Te espero de noche
como a la sábana que arropa el silencio,
como a la liberación,
como al sueño.
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