Puedo condenarte,
esconderte los días bajo la alfombra,
los que anochecen desquiciados de tedio,
puedo,
si me dejas,
encender los radiadores,
dormir contigo sin sábanas,
sin ropa,
sin mañana,
y mañana
hacerle una foto a lo que quede de las velas,
contarte los dedos en la ducha
y que sumen más de diez,
(d)escribirte los recuerdos por la espalda
con los restos del champú,
coserte el pelo a mis paredes,
y que quieras volver,
y vuelvas.
Puedo condenarte a mis licencias,
enseñarte un ático con vistas a la luna,
y a tus piernas,
y a tus ojos de sonrisa,
y a veces,
sólo a veces,
a alguna lágrima,
porque, coño,
algo tiene que doler.
Puedo condenarte a orgasmos en papel,
y en carne,
y en huesos.
y en ausencias negociadas al deseo
los lunes por la tarde,
a eso de las seis.
A vivir,
a querer con sangre y con palabras y con piel,
a la arritmia itinerante del deshielo
de los corazones congelados por el miedo.
Puedo condenarte a mi pecho,
mis arrugas,
mi nostalgia,
mi nosotros sin los otros
como por arte de magia.
Y también,
claro,
también puedes salvarte.
Con la tecnología de Blogger.



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