y una taza de vértigo sobre el parquet,
olor a lluvia de finales de julio
al sudeste de la lengua.
suma una rebelión de velas en el pecho
durante el apagón,
o de latidos
después de la sala de espera,
elige la versión que te suene más poética.
pero no te olvides,
desde luego,
la tierra
el pan
las raíces,
una trenza de deseo rodeando la cintura,
y un orgasmo de fiebre.
pies desnudos
al filo del acantilado,
y hasta un susurro de sexo
susurrado.
después
mézclalo
muy despacio
con mi madrugada...
así saben tus labios
después
mézclalo
muy despacio
con mi madrugada...
así saben tus labios



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