Nos hemos otorgado el derecho inalienable a desnudarnos en público.
Somos los superhéroes del sentimiento, ¿verdad?
Para que nos entiendan, algunas veces escribimos palabras salidas de tono, follamos en cursiva y negrita, colgamos las bragas empapadas de fluidos hormonales, mentales, o de lágrimas, en los puntos finales.
Todo depende del momento, ¿verdad?
Hasta nos adornamos... Cortamos la hemorragia haciendo un torniquete de guirnaldas sumergidas en alcohol.
Incluso nos ataca la vanidad a navajazos de callejón oscuro, cuando nos halagan los restos a medio digerir que dejamos salir por la boca delante de un micro, en cualquier local que nos permita el estriptís.
¡Incluso nos aplauden!
A veces somos felices,
pocas,
y algo más aburridos.
Y yo digo... sin ofender... que no somos más verdad que las ojeras del jardinero, que se quita la escarcha de los guantes, en pleno invierno, para empezar a trabajar.
Que comparado con sus ojos, los de ella, medio dormidos, con sus uñas a medio despintar, con sus labios a cualquier distancia de la cama... esto... esto es un jodido juego.
Y yo digo...
sin ofender...
que si alguna vez lo olvido,
me cortéis los dedos.
Con la tecnología de Blogger.



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