Me atenaza
un sismo unipersonal
como un nombre que me nombra.
Que me tiemblan los interiores,
que no duermo,
que no despierto.
Noche de calabozo,
de cuesta y de camino,
de accidente.
Estaba seguro,
aquí,
bajo los portales del disimulo,
con sus columnas de ladrillo,
de soporte,
allá en la base.
Y voy y tiemblo
así como sorprendido,
así
como la carne.
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