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domingo, 7 de octubre de 2018

Aguacero

Me atenaza
un sismo unipersonal
como un nombre que me nombra.

Que me tiemblan los interiores,
que no duermo,
que no despierto.

Noche de calabozo,
de cuesta y de camino,
de accidente.

Estaba seguro,
aquí,
bajo los portales del disimulo,
con sus columnas de ladrillo,
de soporte,
allá en la base.

Y voy y tiemblo
así como sorprendido,
así
como la carne.





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