Conocí tu portal y no tu puerta.
Entreví los pies de la escalera,
imaginé
esa barricada tuya
de bisagra,
de madera
y de presencia.
Calada de terror,
como de una boina o una bayoneta,
llegaste a ser lo que se va
a la vez que lo que queda.
Hoy
un buey manchado ara mi memoria,
desbarato por la noche los terrones,
me acostumbré
a los hielos y a la tripa en la cuneta,
a la catedral de los tugurios,
al adiós, a las calles,
a las esquinas tan herejes, tan conversas,
y a todo lo que jura,
lo que grita y que declara,
lo que confiesa febril y culpable...
Lo que confiesa
que estás muerta.
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