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miércoles, 9 de mayo de 2018

Insepulta

Conocí tu portal y no tu puerta.
Entreví los pies de la escalera
imaginé 
esa barricada tuya
de bisagra,
de madera
y de presencia.

Calada de terror,
como de una boina o una bayoneta,
llegaste a ser lo que se va
a la vez que lo que queda.

Hoy 
un buey manchado ara mi memoria,
desbarato por la noche los terrones,
me acostumbré 
a los hielos y a la tripa en la cuneta,

a la catedral de los tugurios,
al adiós, a las calles, 
a las esquinas tan herejes, tan conversas,
y a todo lo que jura,
lo que grita y que declara,
lo que confiesa febril y culpable...

Lo que confiesa 
que estás muerta.







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