Suena la música.
Dispara contra el paredón.
Mueve tendones que el reo
prefiere estáticos,
inmutables.
Tan tensos como están,
tan tensos como la distancia que se tensa,
vibran...
Vibran en ondas de cariño absurdo,
de una mínima amargura imperdonable.
Imperdonable por tiempo,
por lejanía,
por frío.
Imperdonable.
Inexcusable.
Mía.
Con la tecnología de Blogger.



0 comentarios:
Publicar un comentario