Un solo punto cardinal
me lleva a casa,
la huella de un náufrago previo,
el rastro,
la nariz ligeramente entornada
de la sumisión.
Las aceras de Gran Vía
son un acertijo,
un enigma,
un dilema
y ahora que escucho las sirenas,
que la luces inestables del Arlequín
presagian el presagio,
un solo punto cardinal
me lleva a casa,
con cuerpo de taxi,
de truco,
de trampa.
Se silencian las bocas
con la muerte muerta en la ventanilla.
Hablamos la lengua de la redención
como suma del calvario,
pero tú
aún no me escuchas.
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