Como una tiniebla enraizada, profunda,
así es mi abrigo.
Como un Madrid de calles sin alma
caminado ebrio,
una avenida deshabitada,
farolas de luz sin alimento,
estrías en el antifaz.
No tengo cara.
Encuentro el calor en lo inconcluso,
me nutro del suelo estéril
recorrido con prisa.
El camino a vuestra casa
es mi casa.
Si acabara aquí la nostalgia,
el desconsuelo de tu carne amarga,
su falta...
Qué sería de mí,
con qué llenaría la alforja,
cómo podría dormir
sin tu fantasma.
jueves, 22 de febrero de 2018
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