miércoles, 28 de febrero de 2018

27 de febrero

Después vino el silencio.

En esta ciudad plagada de avenidas,
de coches construídos de metal,
tan geométricos,
de semáforos elegantemente estirados,
verdugos de los pasos.

Nada.

Un ser que señala los tejados
con las falanges combadas por el tiempo,
que se asoma sordo a las esquinas,
que bebe,
que tose,
que murmura.

Desterrado el sonido de los bares,
la cháchara del taxista,
la pulcritud de la letra pronunciada...
¿Dónde he de dirigirme
si no puedo escuchar mis zapatos?

A la sorpresa de un niño, quizá,
observando su Madrid,
tan inmensa,
tan de luto
y tan callada.







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