Los aleros de esta ciudad
gotean cadáveres,
miembros desmembrados de historias inconclusas.
Las aceras de esta ciudad
son un sepelio de musas,
de colillas,
de basura,
de temblores si los usas,
de sujetadores
abrochados sin encaje
en los pechos de los cuerpos del pasado.
El otoño en esta ciudad
es una esquina,
un barril de cerveza malherida,
una foto
para descoser el saco roto,
la mochila,
de la espalda deslomada de la vida.
Y entre tanto desperfecto
camina un tipo a ratos muerto,
tratando de buscarle a Madrid alguna orilla,
alguna forma de arrimarle una cerilla a sus vestidos,
de llegar,
de una puta vez,
a dondequiera que escondan el buen puerto.
Capitán de anaqueles
de exposición de mujeres eternas...
así soy,
no temas,
o teme...
Recógeme de todos los andenes
de los trenes que he perdido,
o déjame caminar,
solito,
con el frío.
Con la tecnología de Blogger.



0 comentarios:
Publicar un comentario