Aquella noche dormí en el suelo
o en las cloacas
o en el puto infierno,
no lo recuerdo bien.
Fue una transfusión de frío a la madera
a eso de las seis,
o quizá un náufrago arrojado de cabeza,
que se agarra a los restos del galeón
con mar gruesa de cerveza...
Yo qué sé...
Aquella noche dormí en el suelo
y la gata me acariciaba la boca con los bigotes,
hacía esos ruidos tan raros
como de juguete destrozado
contra las escaleras.
Desde entonces siento arcadas
cuando toda esa legión
cuenta lunares en espaldas,
lunas crecientes
que parecen, ahí colgadas,
jodidas hojas de guadaña.
Como la de ayer,
maldito instrumento macabro
destripa entrañas.
Aquella noche dormí en el suelo,
sobre tarima flotante,
era de roble,
creo.
Pobre caballero andante,
pobres vértebras del cuello.
viernes, 16 de octubre de 2015
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