martes, 17 de febrero de 2015

cuando la escribes

recoges gasas 
y vendas
manchadas de sangre y fluídos
después de la cirugía.

las envuelves,
las encuadernas en espiral, 
sacas la basura.

caminas cosido 
con hilo de pescar recuerdos,
recuentos 
de hadas, 
manzanas mordidas,
a veces,

envenenadas.

divides los años 
en cuatro estaciones de metro,
las suyas,
las de su camino a casa.

drenas moratones en tinta
con agujas en palabra.

ella,
casi siempre es de noche.

ella,
casi nunca está.

los relojes no dejan de dar la madrugada,
los renglones 
no tienen sueño,
se estiran, 
bostezan,
se acaban de despertar.

después amanece,
recoges los restos de la cena,
la pena 
la cuelgas en la ventana
como una bandera de náufrago
fabricada con los restos de las velas.

te duchas, te lavas los dientes,
te despides de la gata,
inventarías los destrozos 
en el espejo del ascensor.

si tienes suerte y febrero es frío
te abrigas con los restos 
del tercer grado de su calor,

si tienes suerte

nadie

se dará cuenta.

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