recoges gasas
y vendas
manchadas de sangre y fluídos
después de la cirugía.
las envuelves,
las encuadernas en espiral,
sacas la basura.
caminas cosido
con hilo de pescar recuerdos,
recuentos
de hadas,
manzanas mordidas,
a veces,
envenenadas.
divides los años
en cuatro estaciones de metro,
las suyas,
las de su camino a casa.
drenas moratones en tinta
con agujas en palabra.
ella,
casi siempre es de noche.
ella,
casi nunca está.
los relojes no dejan de dar la madrugada,
los renglones
no tienen sueño,
se estiran,
bostezan,
se acaban de despertar.
después amanece,
recoges los restos de la cena,
la pena
la cuelgas en la ventana
como una bandera de náufrago
fabricada con los restos de las velas.
te duchas, te lavas los dientes,
te despides de la gata,
inventarías los destrozos
en el espejo del ascensor.
si tienes suerte y febrero es frío
te abrigas con los restos
del tercer grado de su calor,
si tienes suerte
nadie
se dará cuenta.
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