miércoles, 11 de febrero de 2015

La gata

La gata
lleva tres días triste,
me busca,
mientras leo,
para acurrucarse bajo la manta
en el sillón
pegada a mí,

se sube a la cama
sólo para mirarme,
y yo no puedo saber lo que piensa
porque no dice nada.

Se sienta en el escritorio 
cuando escribo
y hace unos ruidos muy raros,
como de muñeca rota,
mirándome los dedos.

Ahora apenas me muerde
cuando salgo de la ducha,
como está triste,
supongo que no le apetece comer.

Ya no me trae regalos,
ni me tira el portavelas de la estantería
donde coloqué tus libros,
ni vuelca la papelera,
donde dejé de arrugar
los bocetos de tus noches allá lejos,
para robarme las bolas de papel.

No me despierta de madrugada
para jugar.

Está triste, 
supongo que también quiere irse,
que no soy yo, es ella,
que necesita pensar,
que las cosas cambian,
que me quiere, 

pero de otra manera.

Y yo, 
lo que no puedo soportar
es la idea 
de dejar de barrer también su pelo.



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