ni a la televisión,
ni a los libros que llevo una semana amontonando sobre la mesa,
con todos esos poemas que no sé escribir,
hinchados como cadáveres,
entreabiertos con boli bic de marcapágina.
Desde que decidiste encerrarme en un paquete de contrabando
con la etiqueta "las palabras matan",
me jode que los demás sepan echarte de menos mejor que yo,
pero no dejo de leerlos,
por muy bailado que esté eso de que te encuentras en todos los textos
y de que me pongo dos nocturnos de Chopin, sonando a culto,
y te me caes del pentagrama.
En el fondo soy un sentimental,
como Loquillo,
envasado en un sin ti mental al vacío,
con el que otros se quitan el hambre a veces,
si les queda demasiado lejos el mercado de las nostalgias ajenas.
Y se me hace tan tarde en el sillón
que cuando me acuesto no hay quien caliente la cama,
y mato por un interruptor
que me apague la farola
que me ilumina la ventana,
que no me funde en negro las paredes,
ni el escritorio,
ni los billetes de avión
clavados en el corcho de los recuerdos que me gustaría haber fijado contigo.
Fijado,
grabado,
pateado,
dibujado,
odiado...
no tengo participios a los que no les faltes.
Ya va por la segunda estación desde que te bajaste,
el otoño fue un quirófano,
el invierno... ¿qué te voy a contar?,
ni un maldito copo de nieve en Madrid
con el que enfriarte una copa.



2 comentarios:
Se te perdona la tristeza cuando va envuelta en esas palabras.
Se te perdona que nos revuelvas a los demás eso, que todavía duele.
=)
Gracias por la clemencia. ;)
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