y quedan,
cubiertos por el cieno de hace tiempo,
los bares,
mi deseo de barro,
tu cuerpo a medias,
un recital exiguo,
nada.
Me ahogo
sentado en el vagón en que me dejaste
para marchar.
Carezco de destino más allá
de la partida.
¿Desde dónde te recuerdo?
No es más que un apeadero
esta ciudad.



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