con la muerte recogida,
envainado el miedo en su suburbio,
en su callejón.
Llego
con la liturgia del esclavo,
astilladas las vértebras,
dormido a medias
el sostén seco de los pies.
Encerrado, quizá,
ya sin tobillos,
pueda empuñarse una llave
con tus manos.



0 comentarios:
Publicar un comentario