miércoles, 24 de junio de 2020

Ensayos

Salve, cuerpo perecedero,
recipiente de humores
que las más de las noches
se descompensan,
padre primogénito del hijo primogénito,
portador desgastado de mi herencia.

Te debo las piernas que me trasladan,
las manos que aniquilan la carne
en que se posan,
la voz con la que ofendo.

Te levantas orgulloso ante la muerte
pero caerás
atravesado de tiempo
como todos y cada uno
de los templos.

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