los putos abrazos de despedida,
aparcados en batería,
sin estación
ni una maldita vía
que me devuelva el invierno,
¡hace tanto calor!
mecánicos del karma
con los monos engrasados,
las manos limpias de polución.
las manos,
las tuyas,
pasando frío en el bolsillo
del maldito chaquetón.
cumpleaños olvidados,
treinta y ocho
ya enterrados bajo tierra,
dedos alrededor del cuello,
miedo búsqueda viajes,
no saber qué coño haces
ni hasta dónde la revolución.
tierra,
cuánta jodida tierra.
¿y qué hacemos con la sangre?
supongo,
claro,
que al cajón.
tequila albino,
gorra gris,
¿dónde escondemos las lágrimas?
dámelas,
coño,
a mí,
que me deshago la espalda apoyado en la pared,
esperando.
¿esperando qué?
somniloquios ignorados a fuerza de singular,
y a veces,
si no queda más remedio,
contrabando de páginas
páginas
páginas
palabras...
putas como las de Benedetti,
caras como las de salón,
arcadas de palabras,
náuseas de palabras,
mareo de palabras,
marea
y luna dando el empujón,
el de siempre,
como nunca.
los porqués de los cuidados intensivos,
(por favor, no RCP),
haciendo cola en el baño,
los huevos de seguir vivos,
los amarillos
de marihuana fría
para posponer o conservar o salvarle la vida
al monóxido de esta ciudad,
que a veces no es nada
y a veces mía.
Madrid se me desmadeja
en cada kilómetro que te alejas,
en cada libro,
cada pelo escondido,
cada percha...
y yo inventando una oración,
como si fuera un vil cura
pagano de tu cintura,
en serio,
no me jodas con corduras,
quédate
siempre.
a traición.
sábado, 18 de julio de 2015
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