Necesito el dos de copas de tu baraja,
lo reclamé anoche,
cuando encontré ese vino blanco en el armario
y eran las dos.
Me lo bebí caliente,
o a veinticuatro coma tres con aire puesto,
doce grados menos de lo que pesaría
resbalando tu entrepierna.
Qué desperdicio...
Y todo para poder dormir.
Lo reclamé a voces,
me lo ha dicho un vecino en el ascensor.
Luego te lo pediría,
imagino,
con media docena de lágrimas,
hoy me faltan huevos en la nevera
y al fin me quedé dormido,
joder, no lo puedo recordar.
Necesito el dos de copas de tu baraja,
o todo el puto palo de espadas para cortar
el deseo de tu piel en mis paredes,
de tu reflejo en mi baño,
empapada,
claro,
y de esos sueños tuyos tan raros que fingía interpretar.
Necesito el desnudo integral de una partida nueva,
recorrerte el tapete
con la punta de la lengua,
tu cuerpo, tu mente,
cada pliegue de tu masa gris,
tu analítica caótica,
cada
jodido
pensamiento.
Coño...
soy un pésimo jugador,
de verdad,
dime
que no te apetece apostarte.
miércoles, 8 de julio de 2015
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