viernes, 24 de abril de 2015

Ese instante que oscila y vuelve

La piel se desdibuja bajo el filo. Las células de la epidermis se rompen, algunas mueren, otras agonizan durante minutos, pero yo sigo adelante. Pensé que sería doloroso, aunque bien es cierto que no es más que el comienzo, así que no me tiemblan los dedos cuando separo las fronteras del cañón de carne recién abierto.

Veo una calle vacía en el hueco formado al romper el músculo, es de noche, camino una acera de Argüelles con demasiada cerveza... no, no es la cerveza lo que me hace sonreír, ni sentir ese mareo, ese toque aceptable de embriaguez que cuelga guirnaldas de fiesta de farola a farola. 

Hace frío, 
pero yo no tengo. 
Me lo he dejado en tu abrigo verde,
tú siempre has sido verde,
en tu abrazo de despedida. 

Sorprendente, 
inesperado, 
interminable, 
cálido, 
violento,
asesino del miedo,
sicario
a sueldo de la certeza, 
obscenamente cercano... 

deseado... 

inevitable.

Con olor a huerto en casa,
a tierra fértil,

a ti.




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