Se coloca en un vértice de silencio la calle
hoy
como después de una hambruna
demasiado sostenida.
No veo televisores
tras las contraventanas,
sólo letargo
y un ir y venir de figuras,
peregrinos de regreso
a un colchón meado,
a una rutina del sueño,
a una vida.
Se anuncia la llave en el portal
con eco de desfiladero,
apto para emboscadas,
tosco de balcones.
Me detengo.
Me giro.
Estoy solo.
Soy una nota arrancada
por un dedo inexistente.
Con la tecnología de Blogger.



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