Sólo he pedido
un oído inmenso
y, a veces,
si me desbordo,
el esqueleto difuminado de la permanencia.
Te cambio lo convulso,
el sexo en pendiente, imparable,
el café,
las mañanas y el paisaje los cambio,
digo,
por ser un recuerdo en tu bolsillo,
el hilo que deserta de la tela
cuando apremia la compañía
y no hay más que sábanas
o paredes
o cualquier gato reticente
temeroso del vacío, allá,
tumbado en el salón.
No me sirve el haber sido,
el tropiezo sin la demolición,
la circunstancia.
Sólo he pedido la palabra
como el eco de las armas
en la cueva que me viste.
jueves, 26 de julio de 2018
Con la tecnología de Blogger.



0 comentarios:
Publicar un comentario